Por: Luis Carvajal Basto

2020: perspectivas de un año turbulento

La agenda global, incluida la de Colombia, estará fuertemente influenciada por las turbulencias, inminencia y vicisitudes de las elecciones norteamericanas. En lo local, podemos esperar continuidad y estabilidad en el desempeño de la economía que creció, en un entorno complicado, 3,4% en 2019, y mejoramiento de la capacidad de gobierno, como consecuencia de la solidificación de una coalición mayoritaria en el Congreso, pero deberemos esforzarnos en contener la polarización.

A nivel internacional 2019 cerró con la expectativa de un arreglo, o cuando menos una tregua, en la guerra comercial Estados Unidos-China, casi inmediatamente reemplazada por la batalla inconclusa Estados Unidos-Irán, lo que garantiza la permanencia de las tensiones y una buena dosis de incertidumbre “extra”, a pesar de las certezas aportadas por el ratificado brexit. De no ocurrir nada extraordinario, podemos esperar un insuficiente crecimiento mundial cercano al 3,5%, apenas superior al 3,1% de 2019.

Las perspectivas de inversión y expansión globales dependen de unas reglas de juego estables que, desafortunadamente, no tendremos en un año en que la política interna definirá la política exterior de los Estados Unidos y, en muy buena parte, del mundo. Se puede esperar el fortalecimiento de la alianza proteccionista EE.UU.-Reino Unido frente a un librecambismo increíblemente liderado ahora por China y la Unión Europea, generando una dualidad de poderes en la que Rusia actuará a conveniencia. El mundo seguirá “negociando” utilizando lenguajes diferentes y, en muchos casos, encontrados, lo que no conviene al crecimiento, el empleo y la estabilidad mundial.

Una mirada desde esta columna a las perspectivas globales al inicio del gobierno Trump (ver aquí) pudo avizorar el escenario que hemos tenido, sin considerar, entonces, los efectos que tendría en el régimen político el desarrollo de la revolución digital: la polarización global creciente y la sustitución, en la práctica, de los canales y herramientas institucionales, anclados en los dos siglos anteriores, propiciando una democracia en proceso de ajuste pero, entre tanto, disfuncional. Si hace un lustro nos preguntábamos acerca de la compatibilidad entre democracia y globalización, ahora debemos establecer cuánto tardará el régimen político en comprender y asimilar el impacto de la revolución digital.

Desde el movimiento de indignados en 2011, inicialmente contra “los malos políticos”, se pudo observar esa disfuncionalidad ante la cual políticas y gobiernos “inclusivos” no han resultado suficientes. Lo ocurrido en varios países de Latinoamérica puede verse desde esa óptica, aun con matices: los canales políticos se encuentran obstruidos y una Colombia en la que movimientos alternativos y de opinión han ganado y repetido victorias en gobernaciones y alcaldías recientemente no ha sido, a pesar de ello, la excepción. La pérdida de credibilidad en la política ha podido más.

Desde la gestión de los gobiernos, la comunicación política, como la economía y otras ciencias, utilizando las herramientas de la sociedad digital, se ha anticipado a su institucionalización: el presidente Trump, por ejemplo, gobierna, hace política y comunica en Twitter y en las redes mientras la oposición debe acomodarse a unas reglas obsoletas para ejercer su función natural. A propósito: ¿alguien sabe a estas alturas, con certeza, si existió influencia rusa en las elecciones norteamericanas de 2016 y cuál fue su dimensión? Los efectos de la política digital son inmediatos mientras la opinión pública, las instituciones y la justicia apenas intentan comprender lo que ocurre.

¿Se puede gobernar con las reglas y herramientas de los siglos XIX y XX en el siglo XXI, luego del impacto de la revolución digital? En casi todas partes observamos una democracia en transición que deberá esmerarse en actualizarse para sobrevivir. La caducidad de los sistemas electorales no ha sido una excepción: en Reino Unido y Estados Unidos, por ejemplo, las mayorías, fundamento de la democracia, no logran decidir las acciones de gobierno (en el voto popular Trump perdió las elecciones y también el brexit en Reino Unido); en nuestra filial madre patria casi no consiguen, después de mucho, formar un gobierno apenas “remendado”, mientras en Colombia una administración que ganó recientemente en el voto popular se ha visto en apuros para formar una coalición de gobierno, debiendo recurrir a un partido que fue socio de Uribe en sus gobiernos pero también de Santos, en oposición al cual fue elegido el gobierno actual (¿?).

En este 2020, en un escenario global interconectado como nunca antes y con tantas turbulencias, resulta imposible mantenernos aislados e indiferentes. Las mezquindades y crudeza en la política interna, sin embargo, no dan tregua y necesitaremos unos mínimos acuerdos para mantenernos y prosperar. Esperemos conseguirlos.

@herejesyluis

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