2022: Cuidado con Uribe, Petro y Fajardo

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La inmediatez de la dinámica de esta época que nos tocó vivir deja pasar algunas opiniones sin el suficiente análisis. Una de estas fue la frase del expresidente Álvaro Uribe Vélez a la víspera de serle concedida la libertad luego de algunos días en prisión domiciliaria por un inconcluso proceso sobre presunta manipulación de testigos. Dijo el líder del Centro Democrático: “cuidado con el 2022”. Estas palabras lanzadas al aire político colombiano no deberían pasar desapercibidas, sobre todo porque es precisamente Uribe quien ha gobernado el país en estos primeros veinte 20 del siglo XXI. Luego, ¿cuidado con qué?

Quienes tuvimos el privilegio de pasar por un colegio y una universidad entendíamos que para subir de grado había que pasar el año. Si por efecto o defecto estas dos décadas pasaron por el cedazo político del uribismo, en principio sus conciudadanos no deberíamos temerle al siguiente gobierno. Continuando con el símil de la educación, si la tarea se hizo de buena manera no habría que entrar en pánico porque otros profesores lleguen a dictar cátedra en los siguientes cursos. Entre otras cosas porque un buen educador, o político, debe tener entre sus consideraciones que lo más indicado para la evolución cultural y democrática es el relevo generacional porque según las estadísticas ninguno de los mortales somos perpetuos.

Desde los albores de esta centuria el nombre de Uribe ha sido el más pronunciado en el ámbito de lo público por esta generación de colombianos. Para bien o para mal su presencia ha sido permanente. Su tres huevitos de la seguridad democrática, confianza inversionista y el fortalecimiento del tejido social se transformaron en mantra para sus aduladores y en una especie de diana para sus archienemigos. Unos y otros le dieron largas a una ideología que debió concluir con el periodo del maestro que la inventó y pregonó. Para dicha de unos y desgracia de otros, la intención fundacional del uribismo fue trascender al mentor y alargar su permanencia en el poder al mejor estilo peronista según el cual el general Perón no era un político sino un conductor, por eso le repetía siempre a la gran masa de “cabecitas negras”: “El que quiera conducir con éxito tiene que exponerse, el que quiere éxitos mediocres no se exponga nunca”. Esa idealización de permanencia de Uribe debería ser cambiada de forma radical. Es urgente premiar la reconstrucción de ideales sin nombres y apellidos propios. No podemos continuar pensando que la historia la hacen las placas conmemorativas fijadas en un desacreditado edificio con la intención de alabar a un caudillo o líder, y olvidando que la nueva ciudadanía exige más tolerancia, humildad y autocontención institucional, no personificación del poderoso.

Cuidado con el 2022 si volvemos a caer en el paradigma de Uribe. Cuidado si caemos en las enrevesadas y cuasi-hechizadoras palabras de Petro o en las inescrutables y proverbiales posturas a las que se volvió habitual Fajardo. Prefiero tomar las palabras del exsenador Uribe Vélez en el sentido de romper los espejos que nos tienen embrujados entre él y la escoria. O entre sus carnitas o el abismo. Ya es hora de tener una nación sin anuncios esotéricos, sin demagogia y con carácter. Los colombianos merecemos algo más que Uribe, Petro o Fajardo.

Los colombianos que nacieron durante estos 18 años de hegemonía uribista no son del mismo talante de los que buscaban desesperadamente un “salvador de la patria” (que expresión más manoseada). Los actuales residentes en este país quieren vivir mejor no que les ofrezcan, como en una piñata, el paraíso. Son autónomos, libres, honestos con ellos y con su entorno, solidarios, animalistas, homofiliales. xenofiliales. En fin, siempre buscan la igualdad real ante la vida.

Por eso Uribe, Petro y Fajardo, cuidado con este 2022.

@pedroviverost

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