Por: Marcos Peckel

21 años de la reunificación alemana

Por estos días se conmemoran 21 años de la reunificación alemana, uno de los acontecimientos que marcaron el final del siglo pasado.

Dividida tras la guerra entre sus partes occidental y oriental comunista, la división alemana fue la más importante característica de la Guerra Fría y el muro de Berlín, que dividía una ciudad, un país, un continente y el mundo entero. Fue el más poderoso símbolo del enfrentamiento este-oeste y del final del mismo con su caída en noviembre de 1989.

Pocos pueblos han tenido una historia tan dramática como el pueblo alemán. De las contribuciones universales en ciencias, filosofía, matemáticas y música a lo mas abominable del espíritu humano representado en el nazismo, las cámaras de gas y el holocausto.

Una reunificación nacida en el turbulento periodo de la desintegración de la Unión Soviética seguido de una accidentada y penosa infancia absorbiendo a un costo gigantesco a la mitad oriental, con sus carros Trabant, sombrías edificaciones y una sociedad autoritaria y empobrecida.

Pasó esta Alemania unificada su adolescencia buscando su lugar en el mundo, acomodándose en una Europa en permanente crisis de identidad y arriba a la mayoría de edad con seguridad y optimismo, con el desempleo más bajo desde la reunificación y convirtiéndose en la principal esperanza que le queda a esa Europa que se hunde en la crisis y voltea sus ojos suplicantes a Berlín, confiando que de ahí salgan las medicinas para curar al convaleciente continente.

Jalonan el milagro alemán un envidiable sector manufacturero productor de bienes de capital, maquinaria de insuperable calidad y una industria automotriz con un posicionamiento de marca sin paralelo. El término “calidad alemana” no ha dejado de ser un genérico para describir lo mejor.

Con unas exportaciones que ascienden a casi un billón de euros al año, Alemania es hoy en día el segundo exportador después de China y logró capotear positivamente la crisis económica de 2008 con una serie de reformas consensuadas entre empresarios, gobiernos y sindicatos, que colocaron el bien del país por encima de intereses particulares.

Aun persisten problemas entre oriente y occidente en términos de desarrollo, bienestar e ingresos pero con el correr del tiempo estos se han reducido y para los jóvenes nacidos en aquellos años la antigua división no es más que una lección de historia. Alemania es magneto para emigrantes que buscan mejores condiciones de vida y que constituyen el 8 por ciento de la población del país.

La reunificación germana coincide con el comienzo de la actual era de la globalización de la cual Alemania ha sido uno de los grandes beneficiarios económica y políticamente. Un país que se ha reconciliado con su pasado y gradualmente ha asumido su rol de liderazgo, no a la fuerza como antaño, sino como invitado de honor.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Marcos Peckel

México clama por el “cambio”

Desafíos de Duque en política exterior

La izquierda, Israel y los judíos

Dictaduras electorales

Los fracasos de la paz