Por: José Salgar

40 años en espera del Metro

HACE 40 AÑOS, EL INGENIERO VIRGIlio Barco, como Alcalde de Bogotá, propuso rescatar varias líneas ferroviarias abandonadas y que antes habían servido para salir de la ciudad.

Su idea era aprovecharlas para iniciar un sistema rápido de transporte colectivo a superficie, con miras a lo que llegó a llamar “Ferrocarril Central del Chicó”.

En esos 40 años Bogotá ha estado bajo el complejo de imitar a otras ciudades que tienen Metro, como Caracas o  Medellín, y cada bogotano mayor de edad, alcalde o no, ha creído ser dueño de la verdad en cuanto a transporte masivo. Otro ingeniero y alcalde, Enrique Peñalosa, adelantó lo más concreto y avanzado, como es el Transmilenio, pero lo dejó inconcluso porque es buen técnico pero mal político.

Ahora la ciudad está en un caos como nunca en su tránsito urbano y ha vuelto la mirada a los rieles que la nación comenzó a abandonar hace medio siglo. Frente a las voces que siguen pidiendo el Metro, se ha ofrecido ceder las rutas ferroviarias al Distrito y adelantar primero los “trenes de cercanías”. La condición es una “espera prudencial” para asignar la ayuda nacional. Da la impresión de que para solucionar el caos debemos esperar primero la tercera reelección del presidente Uribe.

A la velocidad que avanza el nuevo siglo, no es justo que Bogotá siga discutiendo por años y años el sí y el no del utópico Metro. En cambio, es urgente otro tipo de reforma constitucional, para ampliar el Distrito Capital a los límites de la altiplanicie sabanera.

Sólo así sería posible un plan realista de transporte moderno adaptado al futuro, ejecutado por ingenieros jóvenes, inspirados en sus mejores antecesores de los últimos 40 años. Y pasarían a ser vicios del pasado los que todavía nos atormentan, como son las mafias de los buses y los fracasos de la chatarrización.

COLETILLA. Para qué hablar de futuro, si ni siquiera nos hemos puesto de acuerdo en lo que debe hacerse en la carrera séptima.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de José Salgar

Después de la tempestad…

Ahora, el Bicentenario y el fútbol

El voto indirecto a favor de Uribe

Entre terremotos y rascacielos

Los sonajeros ministeriales