70 años de la guerra civil española

Fernando Araújo Vélez nos entregó el miércoles 1 de abril una dolorosa crónica del fin de la Guerra Civil española.

Dolorosa sobre todos para los hijos e hijas de los exiliados republicanos. Quiero reproducir aquí una carta del archivo familiar, en la que mi bisabuelo, Miguel Fornaguera, recordaba la guerra. Dicha carta fue publicada parcialmente en el Magazín Dominical de El Espectador el 7 de mayo de 1967, en la página 13:

“Lamento a 4 voces

Yo que soy más bien pacífica de naturaleza/ y querría pasear tranquilamente bajo la luna/ o bien leer pausadamente el último poema bajo un farol/ me encuentro poco a poco sumergida/ en un mundo con guerras/ soldados burgueses/ policías fascistas/ caudillos; /en un mundo oprimido/ encarcelado/ presionado/ envilecido;/ en un mundo/ con hambre/ miseria/ analfabetismo/ prostitución;/ en un mundo con miedo,/ pero sé que no puedo/ huir de él/ y quiero cantar/ aquí/ debo llorar/ aquí/ quiero amar/ aquí/ debo luchar/ aquí/ en este mundo/ rebelde/ inquieto/ salvaje/ en este mundo/ variable/ renovable/ superable/ en este mundo/ Ya que otro no tenemos…”.

Un lamento a cuatro voces que también suena a Víctor Jara y Pedro Aznar. La cuarta voz podría ser la mía, como una sombra-cantante que no deja morir la canción. Juntos somos un ensamble de voces nostálgicas pero valientes. El poema fue escrito por Coloma Leal, y traducido por Bavi (como llamaban cariñosamente a Miguel) y premiado con la “Englantina de oro” en los Juegos Florales de la lengua catalana celebrados en París el 17 de octubre de 1965. Hoy, tantos años después, seguimos en un mundo con miedo. Con otros tipos de miedos.

 ¿Por qué se luchó en la guerra civil? ¿Por qué lucharon incontables hombres anónimos en los ejércitos republicanos? Miguel Fornaguera nos responde, desde una carta del 2 de septiembre de 1936 en Barcelona: “universidad popular, escuela única, salario familiar, riqueza al servicio de la sociedad no la sociedad feudo de la riqueza, cooperativas de cultivo y de venta de productos en el campo… intervención del obrero en los negocios y las fábricas… todo ella está ya asomando, mientras chisporrotean y crepitan en el frente las balas de cañón…”.

Todo eso no pudo ser. Pero como cantaba Cernuda, “recuérdalo tú y recuérdalo a otros… la fe de uno… la fe de uno basta”. Ese uno fue, en toda la extensión de la palabra, el Bavi. Yo, con mi guitarra canto y cantaré, con o sin óleos detrás de mí, porque no muera la canción.

 Susana Borda Fornaguera. Sasaima.

Envíe sus cartas a [email protected].

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Lectores opinan

La cofradía del santo reproche

No entiendo por qué no entienden

Al oído de los conjueces

De igualdades y discriminaciones

De Julio Londoño sobre una columna