Por: Enrique Aparicio

70 días antes de suicidarse

¿Qué impulsa a alguien a acabar con su vida? ¿Qué presiones crea la mente para que pesen de tal manera que continuar con vida no es una opción? Uno de los genios de la pintura holandesa, Vincent Van Gogh, las vivió todas. Los demonios lo visitaron un 27 de julio de 1890.

En el viaje desde París a Auvers-sur-Oise no hubo ningún problema de tráfico. Llegué para unirme al grupo que seguiría los últimos pasos del pintor antes de su muerte.

Ya bastante enfermo psicológicamente, algo que lo acompañó en buena parte de su vida, decide trasladarse a Auvers-sur-Oise. Un sitio muy popular entre los pintores de la época. Corría el año de 1890.

Vincent había conseguido un cuarto en el hotel Auberge Raboux donde pagaba 1 franco por día y 2.50 por las comidas. Era 27 de Julio de 1890. El verano calentaba el día.

- Monsieur van Gogh, ¿ya de salida? – Mientras el mesero le servía el desayuno: dos croissants recién hechos y un tazón de café-.

- Voy a pintar cerca al castillo, hay unos paisajes especiales, llenos de color - no dijo nada más, el tono no invitaba a ningún otro comentario.

Horas después regresó con todo el equipo, caballete y el resto. Los del hotel notaron que algo no estaba bien. Sus ojos nerviosos y un rictus de dolor eran las únicas expresiones corporales. Calladamente subió a su pequeño cuarto. El gran pintor se acababa de pegar un tiro. Recostado en la cama, en silencio, con un calor más allá de lo soportable, en un cuarto con poca ventilación, esperaba que la muerte reptara totalmente por su cuerpo.

Alguien del hotel decidió conseguir al Doctor Gachet, su amigo y confidente, quien acudió para ser testigo de que no había nada qué hacer. Convencieron a un pintor del cuarto vecino para que fuera a París a informarle a su hermano menor Theo sobre la triste noticia. Familiar incondicional, quien lo apoyo sin desfallecer durante su vida no sólo con palabras sino con dinero, material – pinceles y lienzos-.

La preparación del velorio fue de reírse en un momento que no es para ello. En forma diligente Theo preparó a mano las invitaciones para el funeral que tendría lugar en la iglesia que el mismo Vincent había pintado. Cuando el cura lo supo, puso el grito en cualquier parte.

- Aquí no van a hacer ningún funeral. El pintor era protestante y, además, se ha quitado la vida. Nuestra santa madre iglesia no acepta que se celebre el funeral en esta capilla. Y así rehusó a prestar el carro para llevar el cajón, además del resto de aditamentos para el entierro propiamente dicho. Theo en forma diligente rehízo las invitaciones. La ceremonia tendría lugar ahora en el hotel donde residió por 70 días. Durante esa loca carrera hacia la muerte y como queriendo dejar aún más un testimonio de su genio, pintó 80 oleos, en esos 70 días. (Ver youtube)

El destino tiene formas muy extrañas para mostrar que nadie tiene el futuro asegurado. Theo murió 6 meses después dejando un pequeño de un año.
Ahora las buenas noticias: La esposa de su hermano, Johana Bonger, con una gran tenacidad y visión reunió las obras que dejó Vincent, las organizó y promovió exposiciones para mostrar su inmenso trabajo. Pero fue el hijo de Theo, Vicent Willem van Gogh, quien catapultó el legado de su tío hasta lograr fundar el museo Van Gogh de Ámsterdam. Un sitio espectacular donde gran parte de sus pinturas reposan para la posteridad.

También la energía y motivación de Johana permitieron que Theo, enterrado inicialmente en Holanda, fuera a hacerle compañía a su hermano Vincent. Un gesto precioso. Ahora en el cementerio de Auvers–sur–Oise se pueden ver las dos tumbas juntas, testimonio del querer de dos hermanos.

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Como apunte liviano a toda esta intensidad de Van Gogh, durante mi visita a Auvers–sur–Oise me tropecé con algo simpático: Un licor que se destilaba en esta región, el Absinthe, que tomaban los artistas de la época, a finales del 1800. Tenía o tiene 70 grados de alcohol o algo así. Después de dos traguitos siente ganas irreprimibles de cantar rancheras con todo y falsete. Pero lo mejor es como lo sirven en forma elegante – ver youtube-. En nuestro idioma parece que es el llamado Ajenjo. Para confirmar esto me dijeron que al principio del “Brindis del bohemio” aparece la palabra Ajenjo y en efecto así es.

Que tenga un domingo amable. https://youtu.be/F96NZnrJUaQ

Enrique Aparicio Smith – Abril 2015

 

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