9 de septiembre

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Toda generación tiene su fecha emblemática para recordar hechos de violencia.

El 9 de abril de 1948, septiembre 7 de 1977, 6 y 7 de noviembre de 1985 figuran en el imaginario colombiano de las últimas generaciones, y el 9 de septiembre de 2020 será una fecha para recordar por parte de una generación a la cual el régimen político le dio la espalda y prefirió enfrentarla con toda la dureza y brutalidad de que es posible.

El gobierno de Iván Duque está tratando de cambiar la narrativa sobre lo ocurrido ese día, dejándolo como un acto de vandalismo programado contra la Policía, con el apoyo del Eln y las disidencias de las Farc, un libreto que no se sostiene, y que, de ser cierto, dejaría en evidencia la incapacidad del Estado para prevenir esos ataques. Esta visión busca deslegitimar la protesta social y canalizar el apoyo hacia un gobierno cada vez más desconectado de la realidad y de sus deberes constitucionales.

Lo cierto es que los hechos del 9 de septiembre se originaron en la indignación que produjo el procedimiento policial contra Javier Ordóñez, que terminó en su homicidio en un CAI a manos de miembros de la Policía de Bogotá, como ya lo reconoció el propio ministro de Defensa, reconocimiento que de haber sido oportuno seguramente nos hubiera evitado las muertes posteriores.

En el contexto de esa indignación social, se presentaron actos vandálicos que afectaron infraestructura pública (Transmilenio y buses del SITP, y Centros de Atención Inmediata, doce de ellos incendiados y 27 vandalizados) pero, y es lo grave, la muerte de 12 ciudadanos y cientos de policías heridos, con serios indicios en lo primero como consecuencia de un uso indebido, indiscriminado y desproporcionado por parte de miembros de la Policía de Bogotá de armas de fuego- denunciado por las propias autoridades distritales- lo cual deberá ser establecido en el marco de las investigaciones penales y disciplinarias, pero que deja abiertas varias preguntas bien planteadas por un editorial de El Espectador, de las cuales destaco dos: ¿Se insubordinó un sector de la Policía Nacional a las autoridades civiles? ¿Dio alguien la orden a los policías de disparar y actuar con agresividad – ese 9 de septiembre- en Bogotá?

Las protestas del año pasado, puestas en el congelador por la pandemia, indican que el descontento social crece y es más acentuado en esta generación de jóvenes, muchos de ellos condenados a la marginalidad, y el gobierno no puede estigmatizar esa realidad con el argumento manido del plan desestabilizador del foro de São Paulo. Como dijo el exministro Mauricio Cárdenas: “Nos equivocamos si no oímos la voz de la calle. Hay un problema que se debe resolver y la tarea de los políticos es proponer soluciones y reformas”, pero a juzgar por la actitud del gobierno de Iván Duque, la idea es bajarle el tono a la cuestión social y hacer de esa agenda una agenda de seguridad, con lo cual queda delineado el debate para las elecciones del 2022, un escenario propicio para el partido de origen del presidente, en el cual ha demostrado su eficacia.

Si las élites políticas no se toman en serio el descontento social que la pandemia ha agudizado, y no se da voz y atención a las demandas de los jóvenes y otros sectores sociales, y opta por la represión como la primera opción, seguramente tendremos más nueves de septiembre, porque ya se cruzó una frontera de la que difícilmente se vuelve.

@cuervoji

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