A la dirigencia costeña

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Cuando se viaja por carretera desde el interior del país a la región Caribe, se nota a leguas la brecha tan grande que existe en materia de desarrollo económico y social entre estas dos zonas.

Uno de los temas más preocupantes es la falta de producción de alimentos. En 954 kilómetros que recorrí entre Bogotá y Santa Marta, sólo vi cultivos de palma y banano. El resto es ganadería. El día que se presente un problema de incomunicación vial con el interior del país, 11 millones de costeños no tendrán cómo alimentarse. El 90 % de los productos que consumen llegan desde Cundinamarca, Antioquia, Santanderes, Boyacá, Eje Cafetero y Llanos Orientales.

Es entonces cuando surgen muchas preguntas sin respuestas. ¿Dónde caramba se invirtieron los miles y miles de millones de pesos de recursos por regalías que han recibido los mandatarios locales durante cuatro décadas? ¿Por qué el bloque de congresistas costeños no ha gestionado recursos del presupuesto nacional para echar a andar el distrito de riego de la represa del río Ranchería y construir más presas y canales de riego para desarrollar proyectos agrícolas de exportación? ¿Qué pasó con las vías transversales y el tren regional del Caribe que integre a los siete departamentos de la Costa? ¿Por qué se abandonaron las vías rurales? ¿Por qué no se ha gestionado la construcción de un par de agroparques con régimen franco a la orilla del río Magdalena para elevar la capacidad exportadora de alimentos y fomentar la navegabilidad del afluente?

Todas estas inquietudes las planteé hace tres años cuando fui invitado por el entonces gobernador Eduardo Verano al lanzamiento de la recién creada RAP Caribe, un importante instrumento de planeación creado con el gran reto de lograr un mayor desarrollo económico y social de nuestra región Caribe. Otro saludo a la bandera.

Si la dirigencia política costeña, que representa el 31 % del Congreso y el 39 % del gabinete del gobierno Duque (con los ministerios del Interior, Transporte, Agricultura, Ambiente, Vivienda, TIC y DNP), no es capaz de sacar adelante estos importantes proyectos de inversión para impulsar el desarrollo agroindustrial y turístico de nuestra región, no creo que se presente otra coyuntura igual de poder político para lograrlo y, de paso, resolver los problemas de atraso económico, desempleo y pobreza.

Otro tema preocupante son los planes de desarrollo departamentales y municipales. Cuando uno revisa la distribución del presupuesto de estos planes de inversión, encontramos que los mandatarios locales no destinan siquiera el 20 % de sus recursos a programas de desarrollo agrícola, industrial, turístico, de nuevas tecnologías, infraestructura de producción, capacitación o emprendimiento empresarial. Ocurre totalmente lo contrario a lo que están haciendo los mandatarios locales de los países desarrollados. Pareciera que no conocieran la palabra “competitividad”.

Desde este espacio hago un llamado muy respetuoso a nuestra clase dirigente de la región Caribe, para que cambien el chip del sentido y compromiso del servicio público y, por una vez en su vida, dediquen su gestión al beneficio de una región que tiene el mayor índice de pobreza multidimensional en Colombia. No habrá otra oportunidad.

En el tintero. Ministro Malagón, lo invito a que se pegue una pasadita por Tasajera.

* Experto en financiamiento agropecuario.

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