¡A poner la cara!

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La JEP está haciendo su trabajo. Así lo prueba de manera irrefutable el auto de determinación de hechos y conductas que, en el marco del macrocaso 001 sobre secuestro, emitió la Jurisdicción Especial para la Paz contra ocho de los miembros del antiguo Secretariado de las Farc. A pesar de los incontables ataques que ha tenido que superar el tribunal en lo corrido de este gobierno, no solo por parte de los miembros del Centro Democrático sino del propio presidente Duque, cada vez es más claro para los colombianos por qué la existencia de la JEP es fundamental para llegar a la verdad del conflicto.

Hay que decir que la publicación del auto del caso 001, además de ofrecer un relato desgarrador y detallado de esa práctica maldita que fue el secuestro, pone en jaque el futuro de las Farc como organización política. Con esta decisión, la primera de muchas, la JEP no solo avanza en la resolución de la situación jurídica de los excombatientes, sino que empieza a esclarecer la verdad de lo que pasó en la guerra. Naturalmente, se trata de realidades muy duras. Secuestros, violaciones, masacres, torturas y otros vejámenes propios de la confrontación armada que durante tantos años bañó de sangre al país.

Digo que está en juego el futuro político del partido FARC, ahora llamado Comunes, porque el esclarecimiento de la verdad y de las responsabilidades individuales irá haciendo insostenible que la actual dirigencia de esa colectividad se mantenga al frente. De nada sirve un tardío cambio de nombre. Con el avance de los procesos en la Jurisdicción vuelve a salir a la luz un error de cálculo que los miembros de la entonces guerrilla cometieron cuando hicieron el tránsito de las armas a las urnas. Conformaron sus listas al Congreso con varias personas que meses más tarde serían catalogadas por la justicia como máximos responsables de delitos atroces. Lo mismo hicieron con la presidencia del partido, hoy en cabeza de Rodrigo Londoño, quien fuera el máximo comandante de la guerrilla de las Farc.

Los antiguos comandantes, tal vez cegados por las ganas de convertirse en honorables parlamentarios, se olvidaron de que para ser una organización política exitosa lo primero que hay que hacer es ganarse el favor de la gente. Si el ahora llamado partido Comunes quiere sobrevivir en el juego electoral, deberá entender que debe cambiar completamente su estrategia. Quienes en su momento fueron miembros del Secretariado, hoy señalados por la JEP de haber cometido los más aberrantes delitos, en adelante deberían dedicarse a recorrer el país pidiendo perdón, no pidiendo votos.

Para Colombia es importante que ese sector de la población que se siente identificado con las tesis políticas que alguna vez defendió la guerrilla sepa que puede expresarse en el juego democrático. Para eso, justamente, se firmó el Acuerdo de Paz. Que ese sector tenga una voz en los debates nacionales solamente es positivo. Pero quienes en su momento fueron comandantes en la guerra deben saber que su hora ya pasó. Si lo que los mueve son las ideas, deben promover nuevos liderazgos, libres de la mancha de la guerra, para que enarbolen esas banderas desde los distintos escenarios de la política. Así, tal vez, podrían tener algún futuro.

@federicogomezla

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