¿A quién le importa ahora la salud mental?

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Hace unos días, en un grupo de ayuda, varias mujeres describieron un lamento triste y prolongado que se escapó de un apartamento en Medellín y entró hasta las casas vecinas. Hasta algunos edificios han llegado personas sin trabajo para gritar sus tristezas o pedir un poco de comida. Salir a la calle cuando lo permite el último número del documento puede ser una experiencia desafiante. No solo por el riesgo de contagio, sino por los sentimientos que aparecen al ver cómo algunos se desmoronan o renuevan de otra forma. Aunque exista la frase “nueva normalidad”, no estamos en tiempos comunes. Que la gente intente adaptarse a ellos de la mejor forma es otra cosa.

Los alcaldes hablan de cuidado físico y sobre el tema de salud mental no dicen casi nada. En una entrevista concedida por la profesora y especialista en estrés y trauma Elke Van Hoof a la BBC, dijo que “el confinamiento es el mayor experimento psicológico de la historia porque no sabemos cómo responderán las personas posteriormente y la falta de atención de las autoridades a la asistencia psicológica hará que el mundo pague el precio”. Para algunos, este momento puede tratarse de insomnio o estar irritable. Para otros tiene que ver con violencia familiar o casos de suicidio. ¿Quién ayuda y cómo para evitar que esto ocurra?

La psicóloga y especialista en psicología clínica Carolina Jaramillo recuerda que aproximadamente cada 30 horas (según cifras de la Alianza por la Niñez Colombiana publicadas en junio pasado) se suicida un niño, niña o adolescente en Colombia.

Y mientras avanzan las campañas para prevenir el virus conocido, hay silencio sobre el tema psicológico. “La salud mental no es un negocio, es un derecho y un trabajo de toda la sociedad. Es una responsabilidad del gobierno la creación de políticas públicas y de formar expertos ante un tema vital que es nuestro cerebro, un órgano que ordena nuestros pensamientos y emociones y funciones vitales”. En el tema de la educación agrega que, en el caso de niños y adolescentes, “es un momento para ser flexibles. La ocupación es importante y los hábitos, pero el resultado académico no es prioritario. Tampoco la perfección en la casa”.

Para Marta Gutiérrez, psicóloga, magíster en Educación y jefe de posgrados de psicología de la Universidad CES, los aprendizajes más importantes para los niños en este momento son los socioemocionales y es vital “no permitir que las pantallas aplacen la motricidad”, el ejercicio físico, el movimiento. Considera que la educación no puede producir más tensión que aprendizaje y por eso cree vital incluir en los currículos el componente emocional y programar tareas que permitan ese aprendizaje emocional o interacción, y no que enfrenten a niños y a papás por notas o rendimiento. En ciudades como Medellín, cuya alcaldía se declara líder en el tratamiento del COVID-19, no hay claridad total sobre algunos programas psicosociales como “Medellín Entorno Protector”. Actualmente muchos de los niños y jóvenes que recibían ayuda de psicólogos asociados a ese programa no la tienen. Instituciones como Comfama o el concejal Luis Bernardo Vélez han tratado el tema, pero falta que las autoridades, instituciones educativas y líderes actúen con más rapidez y contundencia. Antes de que sea demasiado tarde.

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