A quienes trabajan por la reparación a las víctimas

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Por supuesto que en el Día Nacional de las Víctimas es necesario dar una voz de respaldo a quienes han padecido en carne propia las terribles consecuencias que ha dejado en nuestro país el conflicto armado a lo largo de los últimos 52 años. Sin embargo, considero que también es justo reconocer el trabajo de quienes hacen posible la reparación a los colombianos que han sido afectados por el cruce de balas en los diferentes territorios.

Hablo de la Unidad para las Víctimas, que, valga decirlo, ha tenido que hacer un doble esfuerzo en estas difíciles circunstancias de pandemia universal. Por fortuna esta entidad ha contado con la decidida dirección de Ramón Rodríguez, quien no se dejó vencer por la realidad en la que se ha puesto a esta institución, ser una especie de “cenicienta” en el Gobierno actual.

Es de caballeros reconocer el inmenso esfuerzo que han realizado Rodríguez y todo su equipo de trabajo para que un total de 1’899.813 giros de atención humanitaria se entregaran a hogares víctimas de desplazamiento forzado incluidos en el Registro Único de Víctimas (RUV), con una inversión cercana a los $1,21 billones con los cuales se han atendido alrededor de 917.000 hogares.

De no ser por este trabajo, hoy no habrían otorgado 228.104 indemnizaciones individuales (administrativas y judiciales) con una inversión superior a $1,89 billones y un total de 91.012 víctimas no habrían accedido a la medida de rehabilitación psicosocial.

No faltará el que diga que lo anterior debía hacerse porque es obligación moral del Estado con las personas perjudicadas por la violencia armada en Colombia. Puede que tengan razón, el tema es que en nuestro país, si una entidad pública no cuenta con un equipo de personas decididas a ejecutar las responsabilidades que como funcionarios les corresponden, estas se retrasan en el tiempo, lo que termina por convertir a las instituciones del Estado en paquidérmicas e ineficientes.

No puedo decir que todo ha sido un camino de flores en el trabajo que ha realizado la Unidad para las Víctimas, porque el primer obstáculo en la labor que debe ejecutar es la violencia que se vive en diferentes territorios del país y que no cesa por cuenta de la presencia de actores armados, el narcotráfico y las distintas formas de explotación ilegal de minería y madera, redes de trata de personas, etc.

Todos estos problemas, que existen en veredas y municipios donde el conflicto armado se vive con mayor intensidad y que han dificultado la implementación del Acuerdo de Paz con la extinta guerrilla de las Farc, le han significado a la Unidad para las Víctimas una serie de dificultades para llevar a cabo su objetivo, que debe darse en las condiciones precarias de los territorios apartados de nuestro país.

Aun así, los esfuerzos que se hacen desde esta entidad son enormes y no cesan, a pesar de que no se cuenta con el presupuesto ideal para llevar a cabo las metas en el corto y mediano plazo que la Ley de Reparación a las Víctimas impone. Por eso considero justo hacer un reconocimiento en el Día Nacional de las Víctimas a quienes conforman la Unidad para las Víctimas, lo mismo que a su director, porque para llevar a cabo esta labor se requiere entrega y decisión.

Claro que las víctimas del conflicto merecen ser exaltadas por su resiliencia y la valentía con que han enfrentado las difíciles circunstancias derivadas de su situación personal como afectados por la violencia, pero también es necesario reconocer a quienes hacen que la reparación llegue a feliz término.

@sevillanojarami

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