Notas de buhardilla

A un exalumno

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Recibo mensaje de uno de los miles de discípulos que he cosechado luego de 44 años de docencia. No revelo su identidad para no exponerlo al odio ni a la persecución. Dice así:

“Querido maestro. Veo que demandó al sobrino de Álvaro Gómez por involucrarlo en supuestos seguimientos y perfilamientos a su tío. Me sorprende que usted, toreado en varias plazas, pierda el tiempo demandando a un leguleyo sin importancia. El país sabe quién es usted. No olvide su consejo de no recargar la justicia con ejercicios innecesarios. Evíteles a los jueces otro pleito”.

Hago pública mi respuesta porque personas como mi amable exalumno merecen una explicación sobre las razones por las cuales su antiguo profesor decidió someter este asunto a los estrados judiciales.

“Querido amigo. Gracias por su mensaje, que recibo cuando arrecia desde el Gobierno y la Fiscalía la persecución contra quienes repudiamos este estado de cosas inconstitucionales y corruptas, hostigamiento que coincide con el hecho de que asumí responsabilidades como abogado suplente en el sonado proceso contra el exsenador Álvaro Uribe.

Es verdad. Demandé civil y disciplinariamente al abogado Enrique Gómez Martínez porque ha mentido de manera consciente y grave. Es falso que durante mi administración del DAS se hicieran perfilamientos o seguimientos al doctor Gómez Hurtado ni a nadie. No hay una sola evidencia de ello. Gómez Martínez tergiversa un documento sin la menor trascendencia que ni siquiera lleva mi firma. Es así de sencillo: en los archivos del DAS hace varios años, no ahora, apareció pegado un papel a una entrevista con Álvaro Gómez, publicada en una revista. El entonces director de Inteligencia, doctor Laude José Fernández, escribió a uno de sus subalternos (nov. 1° de 1995) la siguiente nota interna e informal: “Dr. Molina. Dicen que “al que no quiere caldo le dan dos tazas” (broma). Para su estudio (serio)”. (Ver documento).

Al rompe se advierte que esa nota no contiene perfil alguno del doctor Gómez Hurtado ni acredita seguimientos. Fue una instrucción entre colegas para la lectura de un reportaje divulgado en una revista de circulación limitada y no en un diario.

No existe ningún documento, prueba o indicio que acredite seguimientos ni perfilamientos a nadie durante mi paso por el DAS. Es inexplicable que Gómez Martínez sostenga que halló documentos gracias a una tutela que promovió con una fiscal; es obvio que, en ese caso, ninguna necesidad tenía de una acción de tal naturaleza.

El disparate de Gómez Martínez no para allí, pues agregó que Juan Manuel Santos destruyó los archivos del DAS con mi asesoría; otra mentira monstruosa e irresponsable de quien utilizó su tarjeta profesional y manipuló el expediente de su ilustre tío para mentir y desinformar en perjuicio de quienes no profesan sus ideas de ultraderecha. Además (y este parece ser el secreto final de su conducta), para buscar una jugosa reparación por cuenta del Estado. Obnubilado por el esquivo botín, ha llegado a alegar que los archivos del DAS están desaparecidos, pero no explica cómo los rescató con una tutela absolutamente innecesaria.

¿Valía la pena distraer a la Justicia con este absurdo asunto? Sí. Guardar silencio frente a tan aleves y calumniosos ataques en mi contra y no defender mi honra personal, profesional y académica podría interpretarse como temor de enfrentar el infundio. Usted me conoce y sabe que no tolero calumnias ni injurias a nadie.

Su profesor de antaño, apreciado exalumno, no tiene rabo de paja: mi paso por el DAS fue pleno de decoro, y así lo reconocieron todas las fuerzas políticas al retirarme del cargo. No permitiré que mi nombre se emplee para desviar la justicia y que nunca se establezca por qué unos militares asesinaron al doctor Gómez Hurtado, menos que se siga utilizando este magnicidio como coartada para perseguir a críticos de este gobierno mafioso.

Mis alumnos no entenderían que su profesor de Procesal y Bienes, tras casi medio siglo de compartir su fe en la justicia, la desechara como único poderoso mecanismo reparador de una infamia. Me debo a mi familia y a mis discípulos. Por eso demandé. No dudo que ahora estará usted de acuerdo”.

Adenda No 1. Por fin la gran reforma a la Policía que el país reclamaba: Duque ahora patrullero.

Adenda No 2. Le llegó la hora de renunciar al ministro Carlos Holmes Trujillo. Le pudo el cargo.

notasdebuhardilla@hotmail.com

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