Por: Eduardo Sarmiento

Abdón Espinosa Valderrama

Con mucho pesar me enteré de la muerte de Abdón Espinosa Valderrama, una de las mentes más lúcidas en el análisis y la ejecución económica del último medio siglo. Tuve la oportunidad de trabajar con él cuando me desempeñé como asesor de la Junta Monetaria, y pude apreciar sus amplios conocimientos de la ciencia económica y una destreza especial para aplicarlos con resultados inmediatos.

Como ministro de Hacienda de la administración de Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), le correspondió manejar el estado más crítico y recesivo de la economía colombiana. De entrada encontró reservas internacionales negativas y cuantiosas deudas de los organismos estatales. El Gobierno acudió al crédito de contingencia del FMI, y ante la exigencia de que adoptara una devaluación masiva y un severo programa de ajuste recesivo, se apartó del organismo internacional. En su lugar, se estableció un estricto control de cambios que se materializó en el Estatuto Cambiario 444.

En este Estatuto se contemplaba la devaluación gota a gota, los subsidios a las exportaciones, la financiación de importaciones y exportaciones y toda clase de mecanismos para regular los movimientos de capitales internacionales. Adicionalmente, se siguió una ambiciosa política de crédito encaminada a propiciar la agricultura, la pequeña y mediana industria y la inversión productiva. Para completar, se organizó un audaz sistema arancelario que, a diferencia de los mecanismos de sustitución de importaciones que predominaban en América Latina, configuró una estructura que conciliaba las exportaciones de manufactura y la producción destinada al mercado interno.

A los pocos meses de expedido el Estatuto, las exportaciones no tradicionales despegaron, la actividad productiva se recuperó y la industria y la agricultura adquirieron un gran dinamismo. El país logró superar la restricción de balanza de pagos y conformar una estructura productiva altamente dinámica, fundamentada en el mercado interno y externo.

En 1977 regresó al Gobierno, como ministro de Hacienda de la administración de López Michelsen, y enfrentó un complejo panorama inflacionario. Las alzas de precios amenazaban con convertirse en una hiperinflación a la latinoamericana. Pues bien, se demostró que el Estatuto no solo era un poderoso mecanismo de desarrollo, sino también de moderación de las bonanzas. Los brotes inflacionarios se neutralizaron en un plazo de menos de un año.

El modelo, en cierta forma, consolidaba los avances de dos décadas y ponía a Colombia de punta al desarrollo. En los seis años siguientes de la expedición del Estatuto, la economía colombiana registró tasas de crecimiento del 6,5 % y en el período total de funcionamiento (1966-1991) del 5,5 %. Durante ese período no se presentaron crisis cambiarias, financieras ni recesivas, y la participación del trabajo en el PIB se mantuvo firme.

El Estatuto fue seguido por las siguientes administraciones, con variantes, hasta 1991, cuando se adoptó la apertura económica y se desmontó el control de cambios. A partir de ese momento Abdón Espinosa se convirtió en testigo y observador de la caída del crecimiento económico, el deterioro de la distribución del ingreso, la desindustrialización y la enfermedad holandesa recurrente. Con una autoridad inobjetable, durante su gestión la economía avanzó más que en cualquier otro período de la vida nacional, y como político, periodista y académico deja un legado sobre el ejercicio práctico y transparente de la ciencia económica en beneficio del interés nacional.

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