Por: Cartas de los lectores

Abogados: parásitos sociales

Decía alguien, sabiamente, que "los abogados son ingenieros sociales o parásitos sociales".

Tristemente, nuestra realidad pareciera demostrar que buena parte de los profesionales de ese oficio que acompañan el diario acontecer de este país corresponden a la segunda categoría de las descritas atrás.

Para comenzar, a todos nos preocupa la gravedad de las contingencias a las que está sometido nuestro fisco frente al monto de demandas contra el Estado por valor de más de cien billones de pesos. Aunque ellas hayan sido interpuestas por individuos de todas las actividades, no podemos desconocer que en la mayor parte de las ocasiones quien estimula la acción, con intereses personales, es un abogado o grupo de abogados quienes no dudan en valerse de cualquier medio para alcanzar sus objetivos contra el patrimonio de todos.

¿Y cómo olvidar al señor Ballesteros, reconocido como uno de los penalistas más exitosos del país, quien no tuvo el menor recato al ofrecer soborno a un delincuente para que modificara su testimonio, en beneficio de algún político a quien defendía en juicio llevado a cabo por la Corte Suprema?

Y es que el mismo abogado y la misma Corte condujeron el juicio a Yidis Medina, persona reconocidamente mentirosa e inmoral, a quien condenaron por cohecho sin siquiera darle la oportunidad a la contraparte necesaria en ese delito de presentar descargos, es decir, condenándola implícitamente sin ningún derecho.

Pero volviendo al grave delito de soborno del señor Ballesteros, sorprende la reacción de la Corte por su preocupación ante testigos que se retractan de su testimonio original, desestimando la posibilidad de que quienes dan testimonio por primera vez igualmente pueden haber sido objeto de soborno.

¿Y qué tal el caso del congresista condenado por parapolítica con base en el primer testimonio de dos testigos que luego negaron los cargos y de uno más quien inicialmente lo había reconocido inocente y se desdijo para acusarlo, resolviendo la Corte aceptar el primer testimonio de los dos iniciales y el segundo de la adicional, es decir, desestimando la retractación de unos y dándole plena validez a la del otro? Obviamente no estamos hablando de la coherencia exigida para aquellos que puedan llamarse ingenieros sino, más bien, a los intereses de un grupo de jueces para quienes son válidos sólo los primeros testimonios si ellos perjudican al reo, pero también los segundos cuando exhiben el mismo propósito.

Para rematar, cerramos esta semana con la descarada intervención de la Fiscalía en el caso de los cuatro exfuncionarios del Ministerio de Agricultura y la absurda decisión del juez quien, además, los consideró peligrosos, negándoles la detención domiciliaria.

Y el doctor Ibáñez, expresidente de la Corte Suprema de Justicia, nos asegura que estamos en la época del gobierno de los jueces.

¡Dios nos libre!

 Jorge Hernán Abad. Medellín.

 

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