Por: Cartas de los lectores

Abrazos, no muros

“Abrazos, no muros”. Es este el nombre de la iniciativa organizada el 24 de junio de 2017 por la asociación Red Fronteriza por los Derechos Humanos para que miembros de distintas familias, separadas por el muro fronterizo entre México y Estados Unidos, pudieran abrazarse por algunos minutos en el lecho del río Bravo en Ciudad Juárez, en la frontera con Texas.

Teniendo en cuenta el valor simbólico de este acontecimiento, quisiera destacar en esta carta el incremento de las desigualdades económicas y sociales que separan a México y Estados Unidos después de la postura política de cierre adoptada por algunos presidentes norteamericanos, por último Donald Trump.

En primer lugar, es muy significativa la diferencia que caracteriza las modalidades de cruzar la frontera según las direcciones: es decir, desde Estados Unidos se puede llegar fácilmente a México, a veces sin el control de los pasaportes. En particular, se subrayan los desplazamientos hacia Tijuana, centro de diversiones donde se puede también comprar medicamentos a bajo precio, necesidad primaria para muchos estadounidenses oprimidos por los costos del Sistema Nacional de Salud.

Al contrario, es muy diferente la situación que deben enfrentar los mexicanos u otros latinoamericanos que quieren llegar a EE.UU.

La mayoría de ellos son “indocumentados”, cuyo número ha sufrido un fuerte aumento: tratan de cruzar la frontera de manera ilegal, a través de un viaje largo y peligroso. De hecho, numerosas son las víctimas que caen bajo los proyectiles de la “Migra” o que padecen privaciones a lo largo del camino.

En segundo lugar, hay que añadir a las dificultades de esta “hazaña” otra forma de violencia: muchos migrantes, cuando consiguen llegar ilegalmente a Estados Unidos, no pueden regresar por el peligro de ser descubiertos y, a veces, transcurren muchos años sin ver a sus familiares.

Además, es útil subrayar que esta actitud política tan intransigente podría ser dañina también para Estados Unidos, ya que la expulsión de los “sin papeles” constituiría la eliminación de gran parte de la fuerza de trabajo presente en la nación.

Para terminar, considerando todos estos elementos, me gustaría que se tomaran medidas que tutelaran los derechos de hombres y mujeres “culpables” simplemente de tratar de alcanzar “el sueño americano”, buscando mejores condiciones de vida en otro país. “Abrazos, no muros” puede ser solo el principio de un largo camino, para que la fuerza de los abrazos y de la solidaridad pueda destruir estos muros de odio e intolerancia.

Giulia Reggio

 

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