Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Aburridores pero obvios

Ya iniciamos clases en la Universidad Nacional de Colombia.  Al entrar por la puerta de la rota Avenida 26, me reciben nuevas consignas en las paredes.

Son nuevas porque están recién pintadas, pero se trata de las dogmáticas frases de siempre. “La clandestinidad es la verdadera seguridad democrática” puede leerse en uno de los edificios blancos.

Algunos lemas sorprenden. “El M-19 se alista” ha sido escrito varias veces, en letras rojas y azules. Poco importa que el M-19 se hubiese reinsertado a la vida civil hace más de una década. Y si se trata de un grupo nuevo, pienso, copia de la guerrilla urbana de antaño, ¿para qué se están alistando? ¿Llegarán acaso tarde a donde nadie les espera?  Me fastidian, además, aquellas proclamas que invitan a las mujeres a realizarse como ciudadanas uniéndose a la lucha armada.  Uno esperaría que después de que el periodismo, la academia –y hasta los diarios de la decepcionada holandesa Tanja - dejaron en evidencia la rampante inequidad de género que se vive en las guerrillas, a nadie se le ocurriera creerse semejante disparate. 

Toda sociedad debe permitirse altas dosis de rebeldía. La universidad es espacio por excelencia para la desobediencia inteligente y la libre expresión de resistencias y cuestionamientos al orden establecido. Sin embargo tan trasnochadas arengas, no despiertan en mí emoción alguna.  Una generación hastiada con la violencia no se ilusiona con las reminiscencias de la revolución cubana ni se entusiasma con un “¡Hasta siempre comandante Marulanda!”.

Afortunadamente no todo es mamertería. En algunas facultades de artes hay inteligentes invitaciones a la indocilidad.  Las paredes aluden a problemáticas sintonizadas con el país y algunos dibujos puede uno encontrar una verdadera perla que motiva la reflexión.

Pero en general los mensajes escritos se repiten, idénticos, sin ironía alguna. Que las directivas los borren y sus responsables los vuelvan a escribir, con la misma dislexia argumentativa, es quizá la mayor muestra de su intrascendencia. A diferencia de lo que puede uno ver en más de un edificio anexo al mundo de las artes, hay grafitis que no son dignos del espacio en blanco.

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