Por: Nicholas D. Kristof

¡Acción! ¡Romance! ¡Justicia social!

LAS LECTURAS PARA EL VERANO consisten a menudo de libros absurdos, para leerse de un tirón, igualmente fascinantes y vacuos.

Así es que como un servicio público estoy encantado de ofrecer una lista de obras sustanciosas para leerse de un tirón, llenas de escenas de persecuciones, romance y situaciones de suspenso que no molestan la virtud compensadora del valor social.

Estos son 10 triunfos de la narrativa, tanto divertidos de leer como significativos por razones literarias o históricas. Garantizo placer y también derechos de alardear en la próxima cena. Y si sus hijos los leen, apuesto a que sacarán A en el examen de ingreso a la universidad.

Sí enriquecí mi lista con grandes novelas relativas a la justicia social: en un momento en el que la desigualdad en Estados Unidos ha aumentado a niveles históricos, parece útil ejercitar la conciencia tanto como la imaginación.

Así es que aquí está mi extravagante lista: las mejores lecturas para la playa hasta ahora.

Germinal, la obra maestra de Emilio Zola, en la que describe a los mineros del carbón en Francia durante una huelga en los años de 1860. La descripción del idealista Etienne y el objeto de su amor, Catherine, así como de sus luchas y sueños de una vida mejor, hacen que sea una lectura encantadora. Transporta a uno de los campos de batalla de la revolución industrial y se llega a comprender los orígenes del movimiento laboral en una forma que no podría enseñar ningún libro de historia.

Pale Fire no es tan conocido como el perversamente divertido Lolita, también por Vladimir Nabokov, pero debería serlo. Pale Fire es una deslumbrante hazaña de imaginación y literatura, poco característica de cualquier novela que conozca. Es un poema épico, una aventura sobre la tierra misteriosa de Zembla y, más que nada, un acertijo: ¿un personaje clave está loco?

La cabaña del tío Tom, por Harriet Beecher Stowe, quien nació hace 200 años, este año es la novela que hizo imposible que Estados Unidos tolerara más la esclavitud. Es una lectura profundamente conmovedora, lacrimógena y una ventana que se hace añicos hacia uno de los pecados originales de este país. Algunas palabras lo prohíben hoy día por el uso de la palabra N (niger), pero sigue siendo una exploración poderosa y reveladora de las dimensiones humanas de la esclavitud en Estados Unidos.

Las uvas de la ira es el legendario relato de John Steinbeck sobre las vicisitudes de una familia de Oklahoma durante la Gran Depresión. Tom Joad y su familia abandonan todo lo que tienen y se van a California con la esperanza de una vida mejor, pero encuentran que las reglas siempre están en su contra. Dado que el país aún se recupera de la Gran Recesión, es el momento perfecto para leer sobre las tribulaciones de Tom.

Cumbres borrascosas, por Emily Brontë, es posible que sea la más grandiosa historia de amor de la literatura. Catherine debe elegir entre su alma gemela, Heathcliff, quien carece de estatus y educación, y el muchísimo más respetable Edgar. Los personajes son dolorosamente luminosos: están moldeados según las presunciones del siglo XIX sobre las clases y el dominio masculino, pero están sujetos a las incontenibles emociones humanas.

Nuestro hombre en La Habana, por Graham Greene, es una comedia y novela de espionaje que podría parecer algo poco culta para esta lista. Sin embargo, dos de las lecciones de política exterior, que nunca aprendemos del todo, son que nada sale como se planeó y que las primicias en la información siempre son sospechosas.

La historia de un desventurado espía en Cuba establece esos argumentos en una forma inolvidable. El espía no tiene nada real que informar, así que empieza a inventar cosas y, entonces, el drama se vuelve mortal.

Sin novedad en el frente, por Erich Maria Remarque, es posiblemente la novela sobre guerra más renombrada hasta ahora. Cuenta la historia de un joven y sus amigos de la escuela que se unen al ejército alemán en la Primera Guerra Mundial, y su descubrimiento de que la guerra no es gloriosa, sino una tediosa pesadilla.

Los miserables, de Victor Hugo, cuenta sobre Jean Valjean, a quien acaban de liberar de la cárcel, donde estuvo preso por intentar robarse una hogaza para alimentar a la familia de su hermana. Lo persigue implacablemente el inspector Javert en una trama caracterizada por el suspenso, con mejores escenas de persecución que cualquier cosa en una película de James Bond. También es una exploración hermosamente trabajada de las clases sociales, la justicia, la redención y la compasión.

El forastero misterioso no es la obra más famosa de Mark Twain y no hace que uno ría a carcajadas como con El príncipe y el mendigo o Un yanqui de Connecticut en la corte del rey Arturo. Sin embargo, es un cuento que lucha con interrogantes sobre Dios y el mal. Cuenta de un ángel insensible que llega a una aldea y desata el caos. El ángel hace que pequeñas personas de barro cobren vida y luego, por diversión, las destruye con una tormenta, un incendio y un terremoto. Como todo lo de Twain, es inmensamente ameno y, más que la mayoría de los otros cuentos, hace que uno piense.

Primicia, por Evelyn Waugh, es una divertidísima disección del negocio de las noticias de los tabloides, centrada en un autor que escribe sobre la naturaleza, a quien despachan en forma equivocada a cubrir una guerra en África. Desearía poder decir que Primicia es simplemente una absurda sátira cómica. Sin embargo, quien quiera que haya cubierto Irak o Afganistán sabe que aún hace eco, y es relevante. Y si se lee, se tendrá un sentido del camino incierto y a menudo poco confiable a través del cual la cobertura informativa llega hasta usted.

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