Por: Columnista invitado

Acercamiento difícil

La popularidad de Hugo Chávez era tan cierta que pronto veremos a uno de sus seguidores ser elegido presidente. Ese sucesor (probablemente Nicolás Maduro) jurará que sacará adelante la herencia revolucionaria del fallecido presidente.

Y parte de esa herencia es el antiimperialismo: una política exterior que percibe a los Estados Unidos como poder dominante, represor y amenazante para Venezuela.

¿Que pasaría si un próximo presidente venezolano, de la tendencia de Chávez, decidiera cambiar de rumbo y —como hizo Juan Manuel Santos con Chávez— empezar un nuevo acercamiento a los Estados Unidos? A pesar de reportes sobre unas conversaciones recientes entre Maduro y diplomáticos estadounidenses, este acercamiento es poco probable. Para el próximo líder del país, cuyo apoyo político será bastante frágil ante una oposición vigorizada y una coalición dividida, retar la herencia antiimperialista de la “Revolución bolivariana” sería exponerse a ataques feroces desde los mismos sectores chavistas.

Además, el próximo presidente deberá enfrentar los efectos de la última devaluación fuerte de la moneda venezolana. Si éstos golpean a la población más pobre y a la clase media, el radicalismo y la búsqueda de chivos expiatorios marcarían la respuesta: no hay chivo expiatorio más conveniente que Estados Unidos, cuyas propias políticas duras (desde el embargo a Cuba hasta la guerra antidrogas) fortalecen la caricatura.

Para lograr una relación normal con Washington, ese líder tendría que tragarse varios sapos: darle la bienvenida a un nuevo embajador, aun si (como fue el caso con el último embajador nombrado por Obama) ese diplomático expresa reservas sobre los derechos humanos o la condición de la democracia en Venezuela.

Para lograr una relación normal, tendría que adoptar algunos elementos de la guerra antidrogas, como abrir las puertas a la vuelta de la DEA o dejar que aviones de interdicción volvieran a volar en el espacio aéreo venezolano. Quizás tendría que echar a oficiales que han sido solicitados en extradición por fiscales estadounidenses bajo sospecha de narcotráfico.

También tendría que tomar los pasos que ve necesarios Washington para quitarse la etiqueta legal de “país que no coopera plenamente en los esfuerzos antiterroristas”, que ha llevado por seis años. Estos pasos probablemente incluirían un notable distanciamiento de Irán.

Si los venezolanos ven a su nuevo presidente cumpliendo estos requisitos, de forma unilateral, recibiendo muy poco a cambio, sería muy vulnerable, pues es estaría “arrodillándose ante el poder imperialista”.

Si Estados Unidos quiere garantizar que ese líder tome el paso improbable de acercarse, necesitará ejercer una diplomacia especialmente hábil. Tendrá que estar atento a las presiones y restricciones políticas que enfrenta ese líder tambaleante, y al hecho de que la óptica —la manera en que sus acciones son percibidas— será más importantes que las propias acciones que toma.

 

 

**Opinión* Oficial del programa de seguridad regional de la Oficina en Washington de Asuntos Latinoamericanos (WOLA).

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitado

Las sorpresas del censo estaban pronosticadas

Nina de Friedemann

El contragolpe moral a Donald Trump