Por: Columnista invitado

"Achí no"

Germán Axel Navas Navas*

Se ha tenido noticia de que el Gobierno, a través del Ministerio de Justicia, tiene el proyecto de gestionar la derogatoria unas leyes inútiles y absurdas, dentro de las cuales aparece una, la 62 de 1887, que contiene dos normas seguramente muy chirriadas o chuscas, en lenguaje de la época, que disponen: “Se prohíbe ocupar los caminos públicos con vías férreas” y “Prohíbese la importación de chinos para cualesquiera trabajos en el territorio colombiano, sin perjuicio de lo que se haya estipulado con determinadas compañías, antes de la expedición de la presente ley”. Con relación a la primera, si aún está vigente, le cae como anillo al dedo a la Alcaldía de Bogotá, razón por la cual debería abogar por su permanencia, pues acaba de tajo con cualquier discusión acerca de porqué el metro debe ser elevado. ¡La legalidad ante todo!

 

Respecto de la segunda, podría pensarse que se debió a lo previsivo o “culipronto” (así le dijo el ex Procurador Ordóñez al Presidente Santos-10/05/15) que suele ser nuestro sabio legislador, jamás discriminador, pues mucho tiempo antes de que existieran las normas técnicas, el ICONTEC, los sistemas de control de calidad y todas esas fórmulas mágicas e ininteligibles que van precedidas de la partícula “iso” y que por sí solas, así no más, vuelven a las cosas buenas, se creyó el cuento de que lo que se producía en China era malo. O el de que todos sus productos son idénticos, cuando esto no es cierto. ¡No! Para corroborarlo baste ver en el álbum Panini las fotos de los jugadores de fútbol de esa nación. Aunque en gracia de discusión valdría la pena saber qué piensan los chinos, cuando en la edición de ese país ven a los integrantes de la Selección Colombia.

 

Y es que sobre esta ley, qué interesante habría sido escuchar los términos y argumentos con que se debatió: ¿Se habrá discutido sobre el desequilibrio de la balanza comercial colombo-china? ¿A cuántos colombianos equivale un practicante chino del deporte japonés de sumo? ¿Se contempló si era buen negocio cambiar chinos por café, como se hizo con los carros Topolino traídos de Checoslovaquia? ¿O qué tal sería cambiar colombianos por perros pequineses? ¿Alguien habrá advertido que si la finalidad de la importación era la realización de obras, mejor no sería traer “rusos”? Por todo eso el Gobierno debería ser prudente y revisar muy bien qué leyes propone derogar, no vaya y sea que le metan un “paquete chileno”.

 Y entre otras: ¿Qué pasó con los perros pequineses? ¿Ahora son beijingneses?

 

*Magistrado Auxiliar del Consejo Superior de la Judicatura 

 

 

 

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