Por: Arturo Charria

Aclaraciones pendientes de Ignacio

Hace cinco meses encontré un cuaderno en la Biblioteca Luis Ángel Arango en el que había una lista de 47 canciones. La lista tenía por título “Canciones para Nina”. Escribí una columna sobre la situación donde trataba de interpretar la lista y al autor. A los pocos días la Biblioteca inició la campaña #EncontrarANina y un programa de radio se sumó a la búsqueda poniendo las canciones, que un amigo había organizado en una playlist de Spotify.

Todo había quedado como una anécdota que uno repite frente a los amigos, hasta que hace unos pocos días recibí un correo de alguien llamado Ignacio Matallana, quien reclamaba ser el dueño del cuaderno. Me pidió que publicara una carta que le escribió a Nina para aclarar varios malentendidos con la que fuera su novia.

Copio textualmente su carta.

Nina,

Hace poco inicié una lista de canciones que voy juntando para armar las piezas de “nuestra relación” —pensé en decir “nuestra historia”, pero eso me hace pensar en el pasado, como si eso nuestro fuera algo finito que terminó—. Era una lista confusa, ecléctica e imprecisa. Había un par de canciones de esas que fuimos coleccionando de a poquitos y nos enviábamos para encontrar las palabras que no sabíamos decir. También había canciones que pensé que podrían gustarte y un día decirte: “Mira estas canciones que junté para ti”, como un niño que camina por la playa recogiendo conchas de mar que comienzan a oler a podrido y las tira a la basura al volver de vacaciones.

Pero perdí el cuaderno en donde armaba nuestra biografía musical. Lo dejé olvidado en la Luis Ángel Arango y un periodista escribió una columna llena de supuestos y conjeturas irrelevantes. Asume que es una lista cerrada e incluso se emociona ante un dolor que no es suyo: hace suya nuestra historia.

Tú leíste la columna y me preguntaste si eras tú y si era yo. Te molestó, como si lo hubiera hecho intencionalmente, pero tú sabes que suelo perder las cosas. ¿Recuerdas el día en que al salir de clase quisiste volver por tu sombrilla, pero ya habíamos salido del túnel y yo solo quería sentarme a hablar contigo? Te insistí en que me pasaba todo el tiempo y había ciertas cosas que era mejor dejar atrás y construí una teoría al respecto. Eran tiempos en que mis respuestas eran ingeniosas y te hacían reír. Quizá solo dejaste de reír un día en que se te acabo el amor y mis ideas volvieron a ser áridas e insulsas. Cómo quisiera haber regresado por esa sombrilla, nos habríamos salvado de la lluvia y tal vez tú también volverías, como quien ha perdido algo querido.

Regresé a la biblioteca con afán y el cuaderno ya no estaba. Sentí como si te hubieras ido dos veces, como si te hubiera vuelto a perder.

Volví a retomar el inventario de canciones. Y, aunque creo haber incluido la totalidad de las que estaban en la versión perdida, esta nueva lista contiene temas que pueden llegar a ser más honestos. Hay menos canciones de amor, porque estas suelen ser como la ropa que heredamos: son prendas que, por más que ajustamos, nos quedan grandes. Dime si quieres que te envíe esta nueva antología. 

Te escribo por este medio para desmentir al periodista que nos robó las canciones y tuvo el atrevimiento de hacer público algo que era solo nuestro. Perdóname por usar intencionalmente ese plural que tanto te disgusta.

Ignacio.

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