Por: Daniel Pacheco

Acocalitarismo®

ADOLFO PÉREZ ESQUIVEL, NOBEL de Paz argentino en 1980, se paró ante las cámaras en Bogotá y con lista en mano leyó los nombres de alrededor de 20 multinacionales que, según el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) que él preside, han apoyado al paramilitarismo.

Además de la usual condena a “los crímenes de lesa humanidad del capital transnacional”, la lista de Pérez Esquivel nos hace responsables a todos los colombianos.

Pensémosla como una lista de mercado: salgo de mi casa y cojo un taxi. Lo más probable es que sea un vehículo convertido a gas, y que ese gas sea de la mina de la Jagua en el Cesar, explotada por  Drummond Ltda., que asegura poder cubrir el consumo de este hidrocarburo en Colombia por ocho años.

Llego al supermercado, construido con Cemento Samper o Cemento Diamante, producido por Cemex S.A., y tengo un poco de sed. Antes de entrar busco algo refrescante en el quiosco de la esquina y se me viene a la cabeza la figura esbelta de la etiqueta de Dassani, producida por Coca-Cola en Colombia.

Termino mi agua saborizada y cruzo las puertas automáticas del supermercado. Se suma ahora a mi baño refrescante el frío aire acondicionado y las luces pálidas del lugar, todo gracias a la energía que produce y distribuye Unión Fenosa S.A.

El lugar está atestado de consumidores, frescos y felices como yo, que recorren los pasillos y atiborran sus carritos con productos de todo tipo. Lo primero que busco es algo para el desayuno. Nada mejor para empezar el día con energía que un Milo. Cuando estoy frente al estante empiezo a dudar, ¿no será mejor comprar Nesquik, que tiene Nutriactive-B? Poco importa, finalmente ambas marcas son Nestlé, producidas por Nestlé de Colombia S.A.

El mismo falso dilema se presenta cuando paso a los cereales. ¿Trix, Fitness, Zucosos, Chocapic, o Gold? De nuevo, todos producidos por Nestlé de Colombia S.A. Me inclino, finalmente, por Gold porque es el que mejor se mezcla con banano Chiquita Brand.

Me dirijo entonces a la sección de frutas y verduras, y meto en mi carrito una caja —producida por Smurfit Kappa Cartón de Colombia S.A.— de bananos Chiquita Brand. Caigo en cuenta de que se me olvidó mirar si había cebollas y tomates en mi casa para el guiso del almuerzo y hago un llamada. Me contestan, desde mi línea de Telefónica S.A., y me dicen que no hay, y que además compre maíz para la ensalada. Empaco tomates y las cebollas, perfectas gracias al plaguicida Round up ultra de Monsanto, y varias mazorcas sembradas en Córdoba con la semilla Yieldgard, de la misma multinacional, constituida en Colombia bajo el nombre de Compañía Agrícola Colombiana Ltda.

Sólo me falta una Coca-Cola dos litros, antes de pagar en la caja, y volverme un activo aportante a masacres, desplazamientos y asesinatos de sindicalistas cometidas por paramilitares, supuestamente apoyados, según el TPP, por las empresas mencionadas hasta ahora.

¿Qué hacer para no acolitar el paramilitarismo? ¿Rechazar la existencia de las multinacionales y la presencia del capital transnacional en Colombia? ¡¿Dejar de tomar Coca-Cola?! Ni pensarlo. La responsabilidad no es de los consumidores, sino del Estado dentro del cual todas estas marcas están registradas y estas compañías constituidas. ¿Y quién es el Estado? Pues nosotros y nuestros votos.

[email protected]

Buscar columnista

Últimas Columnas de Daniel Pacheco

Masticar el problema de la coca

Para Duque, el beneficio de la duda

Plata en las presidenciales

Democracia sí hay