Por: Carolina Botero Cabrera

ACTA sin Europa, México ni Suiza

ACTA es la sigla en inglés del Acuerdo Comercial Antifalsificación, que intenta atajar el rápido incremento de productos piratas y contrabando en la economía global, fortaleciendo las leyes nacionales de propiedad intelectual.

Se llegó al ACTA a través de negociaciones cerradas de unos pocos (fuera de foros internacionales), con fuerte lobby y, eso sí, con la pretensión de convertirse en estándar mundial.

Es interesante resaltar cómo durante los años de negociaciones ACTA se encontró con una sociedad civil organizada en la red, que a pesar de las barreras lograba seguimiento constante, que consiguió múltiples filtraciones y que con trabajo en grupo llenaba vacíos y seguía los avances informándose e informando casi en tiempo real a través del globo (basta ver la historia en el blog de Michael Geist).

Estas negociaciones se caracterizaron por un trámite secreto y polémico. Llenas de historias de soplos, presiones y desencuentros al mejor estilo Wikileaks, que terminaron en una reunión intempestiva el fin de semana pasado en Japón, Como es costumbre con ACTA, la reunión para firma de los 11 países negociadores se olía, pero nos enteramos sólo unas horas antes. Aunque ocho países firmaron (EE.UU., Japón, Canadá, Marruecos, Australia, Corea del Sur, Singapur y Nueva Zelanda), la abstención de la Unión Europea, México y Suiza, que alegaron problemas internos, aguó la fiesta globalizadora.

Es innegable que el resultado final aparece como positivo para ACTA, y aún así está lejos de ser un triunfo. ¿Puede serlo si Europa no firmó? Pero, además, la sociedad civil consiguió minar el proceso, demostró que por blindado que parezca el proceso regulatorio puede ser intervenido. ACTA fue sometido al Congreso mexicano y con un gran despliegue mediático éste lo rechazó. Seguramente con el fin de evitar algo parecido en EE.UU. se planteó que ACTA no es un tratado internacional sino un acuerdo de ejecución inmediata. De este modo el gobierno firmó, ¡sin haberlo pasado por el Congreso!: ¿no es eso acaso una sentencia de inconstitucionalidad anunciada? Por eso, si llega a declararse la inconstitucionalidad en EE.UU., sin duda asistiremos al entierro prematuro de ACTA. El choque de trenes está firmado.

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