Por: Antonio Casale

Actitud Mina

Tampoco es que tengamos que tomarnos la vida tan en serio. Una cosa es asumirla con la responsabilidad que exige la búsqueda de los sueños y otra muy distinta es dramatizar los momentos difíciles. En eso, Yerry Mina nos ha dejado varias lecciones para la vida.

Desde el momento en que se quitó los zapatos y las medias para pisar la cancha del Camp Nou en su presentación, porque eso le permite recordar que viene de Guachené, en donde jugaba descalzo, no propiamente por convicción, además de recordarle un pasaje bíblico, hasta el pasado miércoles, cuando tras convertir su cobro desde el punto penal en un partido entre suplentes del Barcelona y el Espanyol celebró con un bailecito eufórico que logró pintar una sonrisa en la cara de todos los presentes, incluidos sus jefes.

Razones para estar aburrido le sobrarían. El Barcelona pagó una fortuna por él y en los partidos oficiales no va ni al banco de suplentes. El del miércoles por la Copa Cataluña era prácticamente una recocha. Pero Mina y su alegría nos recuerdan que las cosas son como uno mismo las quiere ver y nada más. Después del juego dijo que él trata siempre de estar feliz, de demostrar la alegría que lleva dentro y transmitirla a los que lo rodean. Dijo que lo del baile obedeció a que se lo había prometido a su familia en el momento en el que marcara su primer gol. Pero tampoco se mostró conforme, afirmó que no se siente el cuarto central del equipo y que simplemente trabaja para cuando le llegue la oportunidad. Habló maravillas del jefe que no le da bola y no se plantea salir al final de temporada. Un crack.

Estamos hablando de un hombre que en condiciones normales debió ser combatiente del conflicto armado colombiano porque nació en plena zona de guerra. De alguien que hace poco más de cinco años recibía un auxilio económico del Deportivo Pasto de $100.000 mensuales, le mandaba una buena parte a su mamá y con el resto se sentía feliz. No se cómo, pero esa platica le rendía para todo el mes.

Ojalá el buen Mina triunfe en el Barcelona, porque se lo merece. Tiene fútbol de sobra. Por ahora nos regala a diario hermosas lecciones de vida sin proponérselo. Yerry vive intensamente en tiempo presente. Por eso propongo que cada vez que nos quejemos por pendejadas activemos un chip que nos recuerde que la vida es menos difícil cuando activamos la actitud Mina.

 

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