Por: Oscar Guardiola-Rivera

Actos de lectura

La perspectiva que he denominado la derechización del mundo reduce las cosas a su valor de exhibición, o espectáculo, y los actos de lectura o visualización de manera exclusiva a la autoridad del texto y la revelación de un destino manifiesto o la intención original de los fundadores.

Así, Donald Trump apela a la doctrina decimonónica del destino manifiesto y el originalismo constitucional para atizar la idea según la cual la excepcionalidad manifiesta del pueblo blanco y cristiano de los EE. UU. lo exceptúa de la función niveladora de lo justo, pues es él quien crea la realidad y la ley al imponerla a otros, como observase Karl Rove, asesor del presidente Bush Jr.

Y en el Reino Unido, el recién puesto (¿impuesto?) primer ministro, Boris Johnson, se beneficia de la lectura liberal y libertaria que hacen los medios y el espectáculo al establecer una falsa equivalencia entre el populismo de derechas y el de izquierdas como dos extremos igualmente opuestos al centro y la moderación.

Tras posesionarse, Johnson abrió en la práctica un período electoral en el que busca posicionarse en el centro respecto del líder del Brexit Party, Nigel Farage, y el de los laboristas, Jeremy Corbyn. Apela a la idea del carácter excepcional de la antigua metrópolis imperial, al parecer manifiesta por quienes “creen en el país”; es decir, las regiones que votaron por el brexit.

Los investigadores colombianos Diana Guzmán, Elkin Rubiano y Benjamín de la Pava nos ayudan a entender y resistir el fenómeno. Estudian la relación entre la lectura o la visualización como un acto de invención social y existencial, de una parte, y de la otra, el tiempo o la historia (lineal, cronológica, progresiva). Poner en cuestión dicha relación exige preguntarnos si nuestros contemporáneos saben cómo leer o visualizar ucronías utópicas y heteropías.

La cuestión puede parecer intempestiva e irrespetuosa, pero debe proponérsela debido a la insistencia de la opinión antiutópica, corriente liberal y libertaria que, casi sin mediar juicio alguno, condena la escritura utópica y la visión ucrónica tanto como la acción transformadora que realiza esta última (la esperanza) a un lugar en la genealogía del totalitarismo. Quienes se apresuran a denunciar el totalitarismo y la tiranía a menudo practican un estilo de lectura que no es solo intempestivo o “bárbaro”, sino él mismo tiránico. Ello en el sentido denunciado por Platón y la Utopía de Thomas More.

Platón denunciaba horrorizado cómo el tirano había forjado una suerte de “platonismo” hechizo de ideas malentendidas. Cabe denunciar hoy de manera similar la tiranía —la del príncipe o la de la opinión—, que desde un “liberalismo o libertarianismo”, hechizo de una muy malentendida idea de libertad y nombre de ella, se propone condenar hoy todo acto de lectura o visualización (de lo visible mas cercano, como dice Guzmán) utópica y ucrónica como si estuviese condenado de antemano a repetir el totalitarismo.

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2019-07-30T21:00:00-05:00

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