Por: Mario Fernando Prado

Acuerdo en el desacuerdo

A raíz del problema del cierre de la vía a Buenaventura con el fin de agilizar los trabajos de la doble calzada, los transportadores, los gremios y en especial los operadores portuarios pusieron el grito en el cielo y con toda la razón.

Inhabilitar esta vía 13 horas diarias dando paso sólo en la noche —tal como dictatorialmente se impuso en un principio— fue un exabrupto: no se tuvo en cuenta que por esta vía transitan diariamente 2.500 vehículos pesados y se mueve el mayor porcentaje de carga que entra y sale del país.
 
Se trató además de una decisión absurda, una muestra más de que a ese ministerio le importó un chorizo lo que pudieran pensar o decir los directamente afectados con tal determinación. La prueba es que en el conciliábulo del que salió semejante estropicio no había una sola persona, léase bien, una sola persona  que conociera de primera  mano los alcances de este cierre.
 
No se trata —se ha dicho hasta la saciedad— de oponerse a que se agilicen los trabajos de la doble calzada, que lleva seis años de atraso, pero sin que se midan las consecuencias de impedir –repito– el paso 13 horas diarias, abriendo la vía únicamente por la noche con la amenaza de una guerrilla que está al acecho y que tendría servida en bandeja la oportunidad para perpetrar sus actos terroristas, y menos de desviar el tráfico pesado por Cali para terminar de colapsar las vías de la ciudad acabando de paso  con la recientemente recuperada malla asfáltica que no está diseñada para soportar el tonelaje que la destruiría inmediatamente.
 
Menos mal que ya se instaló una mesa de concertación —como llaman ahora— en la  que están participando los vulnerados y Dios quiera se llegue a un entendimiento porque a las patadas, señora ministra, no se puede tratar a una región y ojalá que esta puesta de acuerdo en el desacuerdo sea beneficiosa para las partes.

 

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