Por: Uriel Ortiz Soto
Comunidad y desarrollo

“Acuerdo sobre lo fundamental”

En estos momentos difíciles para el país, vale la pena traer a memoria la teoría de un “acuerdo sobre lo fundamental”, del doctor Álvaro Gómez Hurtado (q.e.p.d.).

Qué daño tan grande hicieron al país los asesinos de Álvaro Gómez Hurtado; para peor desgracia, a más de 20 años de su muerte aún no se sabe quiénes fueron sus asesinos.

Ante tantas dificultades —que tienen polarizado al país—, con repercusiones nacionales e internacionales, su teoría de un “acuerdo sobre lo fundamental” cobra plena vigencia y validez; si se aplica con juicio y conocimiento de causa, podría ser la solución para que cese el vergonzoso zafarrancho en el Congreso de la República sobre las objeciones a la JEP, la extradición y el uso del glifosato para acabar con los cultivos ilícitos.

Debemos ser conscientes de que el país se encuentra atravesando una de las peores crisis de toda su historia; los tres temas álgidos que tienen preocupada a la opinión nacional: extradición, cultivos ilícitos y uso de glifosato, deben tener solución positiva a corto plazo, es decir, partiendo de la teoría de la razón y el conocimiento, que están implícitos en la voluntad democrática de los colombianos, cuando a finales del 2016 salieron a las urnas a votar por el Sí o por el No al Acuerdo de Paz suscrito entre el Gobierno y la guerrilla de las Farc en La Habana (Cuba), ganando el No, pero desgraciadamente desconocido por el Gobierno de Juan Manuel Santos.

El peor error de un Gobierno es desconocer la voluntad popular de su pueblo; mientras ostenta el poder, maneja las cosas a su acomodo, pero cuando termina su período aparecen automáticamente las fisuras democráticas y viene la cuenta de cobro con las consecuencias nefastas para el país.

Por todo lo anterior, no es erróneo decir que el Acuerdo de Paz firmado entre el gobierno Santos y la guerrilla de las Farc debe ser sometido a revisión con el fin de enmendar una serie de errores cometidos conscientemente por el Gobierno de la época y sus negociadores —dándole prebendas a la guerrilla— única y exclusivamente para lograr el Premio Nobel de Paz, que como es bien sabido fue negociado con protagonismos infundados y malsanos que se ocultan en intereses económicos y políticos de las partes.

Como consecuencia de todo lo anterior, las fisuras del proceso de paz se están abriendo paso a la luz de organizaciones nacionales e internacionales, y de no darles solución vendrán tiempos difíciles para el país.

Es muy importante tener en cuenta que la sola paz no se alimenta con las buenas intenciones, hay una población desplazada y reinsertada que está reclamando a gritos se les cumpla con lo estipulado en el Acuerdo firmado en La Habana. No podemos seguir distrayéndonos con frases bonitas sobre el Acuerdo de Paz, hay es que alimentarlo con proyectos productivos y asistencia social para todas las víctimas del conflicto armado.

No olvidemos que las disidencias de las Farc que no quisieron acogerse al proceso de paz todos los días están creciendo con muchos de los desplazados y reinsertados que, al ver que no les están cumpliendo, deciden empuñar nuevamente las armas.

Pero hay algo más grave y es que estos grupos disidentes conocen muy bien las rutas y el negocio del narcotráfico, elementos fundamentales para generar y armar nuevos grupos subversivos que atentan contra el Estado de derecho y la seguridad ciudadana.

Por todo lo anterior, la situación del país no está para disfrazarla con discursos floridos y de falsas bonanzas, debemos aterrizar y colocar las cosas en orden y donde les corresponde. El Gobierno no puede seguir jugando al azar de las delicias, cuando sobre los horizontes de nuestra patria se avizoran grandes nubarrones.

[email protected]

También le puede interesar: "Las tres derrotas de Duque en mayo: Santrich, la JEP y el pacto nacional" 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Uriel Ortiz Soto

Caldas sin coca, ni glifosato: ejemplo a seguir

Arroz Baudó

Colombia está indignada

Campesino de ayer/campesino de hoy