Por: Julio Carrizosa Umaña

Acuerdos ambientales para construir la paz

Desgraciadamente, mientras continúe the war on drugs habrá guerra en Colombia. Lo acaban de confirmar los disidentes de las Farc. Pero acuerdos ambientales internacionales podrían evitar que perduraran los procesos de deterioro ecológico, violencia y corrupción.

Colombia es el país en donde esa guerra ha causado más daños ecológicos directos, porque los narcotraficantes han deforestado y contaminado áreas de enorme importancia ambiental, algunas consideradas como hot spots de la biodioversidad global. Los daños indirectos afectan gravemente el funcionamiento de todo el sistema ambiental, deterioran la ecología integral que protege el papa cuando habla de “nuestra casa común”.

Si Nixon no hubiera declarado su guerra, la nuestra probablemente se hubiera detenido a fines de la década de 1970. Fue entonces cuando empezaron a entrar enormes cantidades de dinero del narcotráfico. Casi todas las desgracias que estamos sufriendo, la violencia, la corrupción, la inequidad, son generadas por esos flujos de dineros ilícitos que duran ya más de 40 años. Eso nos lo deben.

Una forma de pagarlo sería detener the war on drugs, pero ni Obama, ni Trump, ni Hillary tienen suficiente fuerza para hacerlo. Por eso continúan apoyando soluciones simples, como los cultivos alternativos, para enfrentar el gigantesco chorro de dinero ilícito que inunda el planeta y hiere gravemente a nuestros pobres países.

Otra solución, difícil pero posible, sería equilibrar los ingresos internacionales ilícitos que reciben los campesinos con ingresos internacionales y nacionales de igual magnitud que se pagarán a aquellos que abandonen la coca y hayan restaurado los ecosistemas, conservado el patrimonio ecológico y mantenido sus servicios ambientales. Para esto, Colombia necesitaría un apoyo más grande que el que se dio para la guerra, pero esta vez sería para salvar parte importante de un planeta que es de toda la humanidad.

Para los colombianos, salvar nuestros ecosistemas podría constituir el gran propósito nacional que está haciendo falta para obtener consensos que reconstruyan la nación. Ese propósito tendría varias ventajas, entre ellas la de ser posible en el corto plazo, porque su éxito no dependería de los mercados, como dependen todos los propósitos relacionados con el aumento de la producción o la prosperidad del sector de servicios, sino del entusiasmo y del trabajo de todos.

Probablemente no habría nadie que no se sintiera ganador en esa nueva empresa.

 

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