Por: Dolly Montoya Castaño

“Acuerdos son caminos”

El pasado 9 abril el país conmemoró el Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del conflicto armado. La comunidad de la Universidad Nacional de Colombia junto con las direcciones del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No repetición (SIVJRN), y un amplio número de personalidades y artistas, rendimos un emotivo homenaje a las víctimas, quienes también se hicieron presentes. El encuentro reafirmó el compromiso de nuestra institución con la construcción de la paz y el progreso del país.

La etapa de la guerra, de más de seis décadas, nos ha dejado cerca de 85.000 personas desaparecidas, 220.000 muertos y en suma 8’700.000 víctimas a lo largo y ancho de nuestro país. Llegamos a esto porque permitimos que grupos extremos nos polarizaran, anulando la posibilidad de confiar entre hermanos, de dialogar, de construir, de permitirnos transitar el justo medio.

Al vaivén de la confrontación marchan jóvenes sin mayores oportunidades, que ante la necesidad de vivir o por la imposibilidad de hacerlo —al menos en libertad— se convierten en instrumentos de violencia de uno u otro bando. Y van dejando en su andar a las víctimas, quienes casi siempre son otros jóvenes y familias cuya única fortuna o, más bien, cuya maldición es encontrarse atravesados a los intereses de esos grupos extremos.

Esos grupos siempre ganan con la guerra, es su negocio, en ella radica el poder que persiguen con codicia, echan mano de la anarquía, la desinformación y la falta de diálogo, como herramientas para dividirnos y hacernos creer que no es posible la convivencia desde la autonomía, la libertad de consciencia, el respeto a sí mismos y a los demás.

La sociedad, que se encuentra en medio, siempre ha perdido con la guerra, pero es ella quien tiene la responsabilidad y la posibilidad de pasar la página de la violencia, de superar esa etapa. Para hacerlo es muy importante primero aprender de nuestro pasado, reconociendo las condiciones que tutelaron la acción de cada uno de los actores, no para justificar ni para vengar, sino para entender los contextos, lo cual es necesario para que haya comprensión entre los diferentes, pero además para prevenir y así garantizar que no nos pase nunca más.

Lo segundo que debemos hacer es superar el lenguaje que apela al miedo, desconfianza, descalificación, temor, etc. categorías propias de la guerra. Esta es una nueva etapa en nuestra historia como nación, es la etapa de la reconciliación y la construcción de acuerdos que nos obliga a hablar de confianza, respeto, concordia, cooperación, reconocimiento y, sobre todo, del ejercicio pleno de nuestra ciudadanía.

En las universidades colombianas también hemos vivido la violencia —que de hecho ha sido recientemente reciclada—, por eso sabemos que infunde miedo, y que el miedo es una barrera para dialogar y construir. De ahí que rechacemos rotundamente cualquier hecho de violencia porque queremos universidades abiertas y a disposición de la sociedad, tal como ocurrió durante este homenaje a las víctimas.

Luz Marina Monzón, directora de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, dijo: “acuerdos son caminos”; y la Universidad Nacional de Colombia, entendida como institución pública, nacional y del Estado, siempre estará dispuesta a acordar y a caminar. Por ello en el marco de esta conmemoración suscribimos convenios de cooperación con la mencionada Unidad, así como con la Jurisdicción Especial para la Paz y con la Comisión de la Verdad, componentes del SIVJRN. Los convenios nos permitirán colaborarnos en tareas académicas, formativas, logísticas e investigativas, así como seguir construyendo el propósito común de la paz.

Superar de una vez y para siempre la etapa de la guerra no es una responsabilidad exclusiva de las instituciones del Estado, por eso hice mención a dos cosas que reitero: la comprensión humana y el lenguaje, cosas que a todos nos tocan, así como la guerra nos tocó a todos. Cada uno de nosotros, por acción, por omisión o silencio, también hemos sido responsables; tal como desde diversas voces se reiteraba durante esa noche de homenaje en los altoparlantes del auditorio León de Greiff. En consecuencia, debemos asumir que la paz es una tarea que comienza en cada uno de nosotros, en nuestro interior, y se hace manifiesta en nuestra relación con el otro, con la comunidad y el ambiente.

Es por eso que en el proyecto cultural y colectivo más importante de la nación que es la Universidad Nacional de Colombia, que hoy tengo el honor de dirigir, hemos decidido enfocar todos nuestros esfuerzos en la formación integral de ciudadanos para que nuestros jóvenes sean agentes de cambio ético y cultural en nuestra sociedad. Porque estamos seguros, esta es la única forma de garantizar que nuestros jóvenes no hereden la cultura de la violencia que a nosotros ya nos tocó padecer y que, al contrario, se conviertan en una luz de cambio y acuerdos para las comunidades y los territorios. Este es el compromiso y aporte de la Universidad por el nunca más a la guerra. Cada colombiano debe convertirse en esa luz de cambio y reconciliación, tal como abrazados y con luces encendidas en nuestra plaza central concluyó la conmemoración de este 9 de abril.

*Rectora, Universidad Nacional de Colombia.

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