Por: Rafael Orduz

Acumular cartones: ¿para qué?

Los jóvenes se están llenando de títulos académicos y de ilusiones, los padres gastando billete y los sueños no se cumplen.

Aunque se ha presentado en el 2019 un leve bajonazo en la matrícula en la educación superior, universidades, instituciones técnicas y tecnológicas tienen tres veces más estudiantes que hace 20 años.

Hay hoy unos 2'400.000 estudiantes en todas las modalidades de la educación superior, de los que al año se gradúan unos 480.000, de los cuales algo más de la mitad provienen de las universidades y más o menos 130.000 de las tecnológicas. El encuentro con el mercado laboral no es, para muchos, el esperado. La realidad del desempleo juvenil y de los empleos precarios está a la orden del día: tiempos parciales, contratos a término fijo, de difícil renovación (que, cuando se da, no es inmediata por aquello de no crear vínculo laboral, primer mandato de las oficinas de recursos humanos), pagas precarias.

Los jóvenes estudian, hacen diplomados, magísteres, especializaciones, y la ilusión de sus padres no se cumple como estaba previsto: que estudiar garantizaba buena colocación.

Los cambios que están ocurriendo son demasiado abruptos como para tener alguna certeza de cómo va a ser el mercado de trabajo en 10 o 20 años.

En medio de la incertidumbre y las tozudas cifras del desempleo y subempleo, los jóvenes tienen que pedalear. ¿Qué consejos diferentes a acumular cartones podría darle un padre a sus hijos?

Thomas Friedman, el autor de Gracias por llegar tarde y La tierra es plana, da algunos consejos a sus hijas, aplicables por estas latitudes, que vale la pena mencionar:

1. Hay millones de personas que saben hacer lo que tú. Debes diferenciarte. Cualquier cosa que hagas, como lo hacen los artesanos, debe tener tu impronta. Trátese de una tarea en los ámbitos modernos de la economía digital o de cualquiera otra “tradicional”, lo que tú realices debe distinguirse porque le imprimiste un sello tuyo, personal, la huella de tu cuidado. Que quienes reciben tu “entregable”, lo que sea, sepan que lo hiciste tú.

2. Debes tener claro que hay que aprender durante toda la vida. Se llama “estar en modo beta”, que (para los informáticos) significa estar en permanente estado de construcción y renovación. Lo que hoy sabemos mañana pierde vigencia. Ese aprendizaje difícilmente está respaldado por los cartones de las anquilosadas instituciones educativas. Para eso tienes que aprender a autoaprender.

3. Da siempre una ñapa en lo que haces. Ve más allá, con pertinencia, por supuesto, de lo que te piden.

En este caos asociado a la incertidumbre, la diferencia la pueden marcar actitudes como las que Friedman recomienda a sus hijas, que pueden ser más provechosas que tirarse el dinero en más cartones. (Tom Friedman’s Advice to his Daughters, disponible en Youtube).

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2019-12-24T00:00:31-05:00

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2019-12-24T01:42:49-05:00

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