Adaptación

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Los últimos cuatro meses han traído grandes cambios para la humanidad. Nuestra vida en el mundo es muy diferente y como especie nos hemos tenido que adaptar. ¿Qué tan listos estábamos para esta adaptación? Tal vez en esta ocasión no estábamos tan preparados. ¡Sería bueno pensar en cómo desarrollar esas habilidades de adaptación!

Desde hace ya varios años, en educación se habla de la importancia de desarrollar de manera consciente las habilidades para el siglo XXI en nuestros estudiantes. Muchas instituciones educativas han hecho grandes progresos en incluir algunas de estas habilidades en su plan de estudios y en las experiencias que les ofrecen a sus estudiantes.

Tal vez el marco de referencia más conocido sobre estas habilidades proviene de la organización Partnership for 21st Century Skills (P21) donde presentan tres grupos de habilidades principales: Habilidades para la vida personal y profesional, Competencias de aprendizaje e innovación (4C) y Competencias en manejo de información y medios (TIC). También identifican una serie de asignaturas básicas y unos temas relevantes para el siglo XXI.

Hasta ahora, el grupo que posiblemente ha recibido más atención dentro de las habilidades para el siglo XXI es el que se refiere a las 4C: pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad e innovación. Sin duda, todas estas habilidades son cruciales para el buen desempeño académico y profesional de las personas.

Sin embargo, la coyuntura actual nos ha mostrado que las habilidades más importantes para tener en este momento están más ligadas al grupo de Habilidades para la vida personal y profesional, específicamente la flexibilidad y la adaptabilidad. Y en este aspecto, no hay formación que nos haya podido preparar para lo que estamos viviendo.

Yo soy un gran fanático de la educación experiencial. Este tipo de educación busca potencializar el aprendizaje a través de experiencias directas. En muchos colegios se trabajan proyectos ligados a la vida real, salidas educativas, programas de gestión social, entre otros, que contribuyen, a través de experiencias, en la formación de buenos ciudadanos. Estas experiencias ayudan en el desarrollo de las habilidades de las cuales estamos hablando en este artículo. Algunas pueden dar pinitos en los temas de flexibilidad y adaptabilidad. La educación experiencial ayuda a entender el mundo, a encontrarle un sentido a aprender y puede dar bases en los temas de flexibilidad y adaptabilidad. Pero lo cierto es que no prepara del todo a los niños para situaciones inesperadas, para el rápido aprendizaje de herramientas nuevas, para hacer un cambio en las rutinas, para cambiar de espacios de trabajo, en últimas para flexibilizar su pensamiento y su manera de enfrentar el mundo, pues todavía ubica a los estudiantes en lugares contenidos y cómodos.

Entonces lo que deberíamos hacer desde el trabajo en el colegio de ahora en adelante es incomodar más a los estudiantes, exponerlos para que a diario tengan el reto de enfrentarse a nuevas situaciones y poder desarrollar en ellos la flexibilidad de pensamiento y su capacidad de adaptación. Por ejemplo, que sus clases no siempre sean en el mismo lugar, ni que siempre deban estar sentados de la misma manera, que puedan ir a experimentar a un laboratorio sin necesariamente llegar al resultado esperado por el profesor, que cocinen algo de comer sin seguir una receta a ver qué pasa y qué importa si queda rico o no, jugar juegos de mesa inventando nuevas reglas, leer un cuento empezando por el final o jugar a las escondidas sin que siempre tengan que ser encontrados.

En esta columna hace varios meses escribí sobre la importancia de la frustración en el proceso de formación. Esas experiencias de frustración seguro ayudan a desarrollar las habilidades de flexibilidad y de adaptación.

Lo que es claro es que estos 86 días que llevamos de cuarentena han obligado a todo el mundo a ser flexible y adaptarse a la nueva realidad. Es una experiencia directa que nos ha retado para ajustarnos a los cambios frecuentes que se dan. Y un factor que ha estado muy presente es la incertidumbre. No es claro qué va a pasar en uno o dos meses, tampoco es claro qué va a pasar en una semana. Esto obliga a que mantengamos una mente abierta, hagamos diversos planes tratando de predecir el futuro y estemos listos para adaptarnos a las nuevas realidades.

Como educadores estaremos mucho más conscientes de desarrollar esa habilidad de adaptabilidad en nuestros estudiantes de una manera explícita, ya que en el mundo actual y en el mundo futuro esta habilidad será necesaria para todos, para acoplarnos y adaptarnos a cualquier situación que llegue.

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