Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Adecuación de tierras y manejo de cuencas

Estamos en pleno debate sobre el proyecto de Ley de Tierras y Desarrollo Rural. Las lecciones del pasado nos obligan a redefinir con criterios nuevos el tema rural, incluido el tema de proyectos de adecuación de tierras.

Se trata de incrementar la producción agropecuaria de manera sostenible, aumentando la productividad por hectárea y los beneficios económicos para los productores del campo.

El primer paso es resituar a quienes fueron adjudicatarios de parcelas en anteriores operaciones de “adecuación de tierras” y que fueron, por falta de criterios de economía ambiental, ubicados en humedales, ciénagas o áreas inundables. Esto no se contempla en la versión actual del mencionado proyecto de ley.

El concepto tradicional de drenar humedales como estrategia para la “adecuación de tierras” ha sido revaluado. Lo sucedido en varias ciénagas de los valles inundables del Cauca y el Magdalena y en la laguna de Fúquene, lugares donde el Estado invirtió recursos públicos para construir jarillones y reducir lagunas y ciénagas, es algo que no tiene cabida en un país que quiera mantener su hidrología y ser ambientalmente sostenible.

Quitar espacio a los reguladores naturales de los ríos conduce a incrementar los desastres asociados a las crecientes, generando externalidades económicas negativas para amplios sectores de la sociedad. Con las variaciones en el régimen de precipitación asociadas al Cambio Climático, vemos que las inversiones públicas y privadas que se realizan en muchos de los espacios afectados han desaparecido o tienden a desaparecer. Como si no fuese suficiente, los propietarios privados, ante la magnitud de las pérdidas, solicitan más y más recursos públicos de apoyo. ¡Fondos públicos destinados a causas perdidas, pues con las lluvias intensas que vienen en cada oleada invernal no hay dique o jarillón que aguante! Hay que devolver a la naturaleza lo que hemos pretendido arrebatarle de manera irresponsable.

De otra parte, los programas de adecuación de tierras deben identificar y manejar apropiadamente los espacios que generan servicios ambientales e incluir inversiones verdes. No solo hay que invertir en obras grises de concreto y canales de distribución en sistemas de riego: es necesario conservar las fuentes de agua donde queremos incrementar la producción agropecuaria.

Antes de adecuar nuevas tierras, la tarea inicial de Incoder –entidad responsable de los procesos de adecuación de tierras–, debe ser devolverles a los ríos y a la sociedad los reguladores naturales, reubicando a quienes, por iniciativa propia o inducidos, los tienen hoy invadidos.

En los nuevos proyectos y en los que están en operación, las asociaciones de usuarios de los distritos de adecuación de tierras deben considerar el pago por servicios ambientales a los propietarios de la parte alta de las cuencas que surten sus distritos de riego. Este pago, y la verificación del manejo adecuado de las áreas generadoras de los servicios ambientales, deben ser parte regular de sus actividades. Pensar en la sostenibilidad de la producción es incentivar la recuperación de áreas que generan servicios ambientales. Esto se manifestara positivamente para el productor agropecuario, para el campesino poseedor de predios en áreas generadoras de servicios ambientales y para la sociedad en general, que verá disminuida su vulnerabilidad ante los cambios extremos en los ciclos de lluvias.

 

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