Por: Reinaldo Spitaletta
Sombrero de mago

Adiós al editor de la utopía

El título original del libro era “Mujeres de vida alegre”. “Oíste, vos sos güevón. Eso no vende”. Y entonces en 1996 salió publicado bajo su curaduría y sapiencia editorial Vida puta puta vida, un reportaje con prostitutas de Medellín, que escribimos al alimón Mario Escobar Velásquez y este columnista. Gerardo Rivas Moreno, que murió hace dos semanas, fue un editor, un revolucionario, un idealista y un tipo que vivió por la alegría.

Había nacido en Sogamoso, en 1940 o1941. En los agitados sesenta, de nadaísmo y revueltas estudiantiles, de rock y revoluciones sociales y sexuales, Gérrimo, que así comenzó a llamarse (una especie de acrónimo), porque, en Cali, en su juventud, sacó una revista, El Estudiante, y en su primer número no tenía colaboradores. Entonces tuvo que escribirla toda, cambiando su nombre en cada artículo. Y Gérrimo fue el que más pegó.

En 1966, el inquieto joven, admirador de las ideas del padre Camilo Torres y del Frente Unido, se embarcó en una aventura editorial: una antología de cuentistas colombianos, en la que incluyó algunos que apenas estaban en cocción. En la alineación estaban Germán Espinosa, Óscar Collazos, Alberto Duque López, Gonzalo Arango, Fernando Soto, Humberto Valverde, Roberto Burgos, Fanny Buitrago, Arnoldo Palacios y Manuel Zapata Olivella, entre otros.

A Gérrimo se le ocurrió que la mejor plaza para la venta de su antología era Medellín. Y desde Bogotá emprendió, junto con su amigo Alonso Ojeda Awad, con quien se encontró por azar en la oficina de buses interdepartamentales, un “largo y azaroso viaje”. Entonces se hacía por La Dorada, Sonsón, La Ceja, en medio de polvorientas trochas y abundantes soledades. El caso es que el bus fue requisado por la policía. En la bodega, además de las cajas con la antología, se encontraron las revistas Pekín Informa y China Reconstruye. Todo se constituyó en “material subversivo”.

Gérrimo fue conducido a una inspección de policía en Medellín, pero “gracias a la solidaridad militante del sindicato de las Empresas Públicas de Medellín y de dirigentes demócratas de la ciudad, Gérrimo pudo recuperar su libertad y gracias al escándalo periodístico los libros se vendieron como “pan caliente” en la Universidad de Antioquia y en los colegios públicos”, según cuenta Ojeda en el artículo “Gerardo Rivas —Gérrimo— mi compañero del alma”.

A Gérrimo la muerte lo sorprendió el pasado 23 de enero en el barrio La Candelaria. Estaba a punto de irse a París, donde vive si hija Alejandra, para establecer un sitio web con todos los cronistas de Indias, los periódicos alternativos, el pensamiento de Bolívar y otras utopías, que él, en efecto, era un soñador, un librepensador, un tipo necesario en la desértica cultura colombiana. Siempre pensó más allá de lo comercial, del esnobismo y de las apariencias.

A su inteligencia y cuidado como editor el país le debe la belleza y oportunidad de libros como el Correo del Orinoco, el periódico que dirigía Simón Bolívar y que es muestra del pensamiento y, sobre todo, de la capacidad agitacional y propagandística (aunque el término no era usual entonces) del Libertador. Una portentosa edición facsimilar.

La Bogotá republicana comienza a existir (dicen que las cosas comienzan a existir cuando se nombran) con las crónicas del payanés José María Cordovez Moure. En 1997, Gerardo Rivas realizó una edición monumental de las Reminiscencias de Santafé y Bogotá, con 1.600 páginas y 88 ilustraciones, que recoge las ediciones de Aguilar, con prólogo, edición y notas de Elisa Mújica.

Y como si fuera poco, entre sus obras cumbre como editor, Rivas Moreno tiene la de Elegías de varones ilustres de indias, del historiador-cronista, el Beneficiado Don Juan de Castellanos, con prólogo de Javier Ocampo López. También se le deben ediciones del Diario de Bucaramanga, de Luis Perú de Lacroix, edecán de Simón Bolívar y de la obra poética completa de Federico García Lorca.

Gérrimo tuvo un sentido crítico de la historia, de la literatura, de la educación. Y siempre supo que la cultura era parte clave para la transformación de las sociedades. Entre sus preocupaciones editoriales estaba el de la divulgación de nuestros precursores de la independencia y de los que guiaron el proceso de emancipación. Por eso, el periódico de Nariño, La Bagatela, fue parte de su interés como editor, además de la obra de Bolívar.

En el librito de las muchachas de la prostitución, titulado con acierto por Gérrimo, incluyó el editor un catálogo de sinónimos de la palabra puta en español en tiempos de Cervantes. Se cuentan por decenas. Hoy aumentaron, sobre todo por el ejercicio de tantos politiqueros. Gerardo Rivas Moreno se ha ido. Se quedan sus libros, su memoria, su utopía, tan necesaria para transformar el mundo.

 

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