Por: Oscar Guardiola-Rivera

Adiós, Europa

'Economía, Horacio, economía', le dice el príncipe Hamlet a su amigo en la célebre pieza teatral para darle a entender que algo anda mal, muy mal, en el reino de Dinamarca.

Tras el anuncio por parte del gobierno danés de imponer controles fronterizos para limitar la inmigración proveniente de sus vecinos europeos, habría que concluir que algo anda mal, muy mal, en el reino.

La medida constituye una seria amenaza a uno de los pilares del proyecto de unidad europea desde la firma del Tratado de Schengen, que establece la abolición de fronteras internas, permitiendo de tal manera el tránsito libre entre los países de la Unión. El ministro de finanzas Klaus Hjorst Frederiksen justificó la medida, que vería el restablecimiento de controles aduaneros con Alemania y Suecia en cuestión de semanas, alegando un aumento sensible de la criminalidad fronteriza.

¿Pero quiénes son estos supuestos criminales que según el ministro se cuelan por el vecindario? ¿Alemanes y suecos? No. Los supuestos indeseables son de origen norafricano, probablemente musulmanes. Esto es algo que entienden muy bien los electores daneses.

“Declaro mi exilio doméstico”, me dice el ensayista Jan Larsen mientras comemos pan negro y arenque en su casa en Copenhague. “El sistema político no sirve; ya no hay verdadera confrontación entre derecha e izquierda. Ambos apelan al más bajo denominador común de sus electores, a sus prejuicios y miedos exacerbados por la crisis económica”.

El DPP, de extrema derecha, exigió la medida a cambio de prometer su apoyo a la reforma pensional propuesta por la coalición liberal-conservadora que gobierna al país escandinavo. La coalición enfrentará a sus opositores en las elecciones de noviembre próximo.

Por años, liberales y conservadores europeos han exacerbado el prejuicio frente a los inmigrantes, apropiándose del discurso de los ultraderechistas con fines electorales. Pero al hacerlo, han hecho aceptable un discurso venenoso y han abierto la puertas de la política corriente a la extrema derecha.

En Francia, Sarkozy ganó la Presidencia usando un lenguaje muy cercano al del Frente Nacional. Hoy, algunas encuestas ponen a la candidata del Frente Nacional adelante del propio Sarkozy, de cara a las elecciones de 2012.

Este discurso pasa como realismo económico, enmascara prejuicios raciales y alimenta melancolías coloniales. Esa combinación, en un contexto de crisis económica y alto desempleo, es tóxica. Recuerda el ambiente de finales de los 30, podría llevar a la debacle del sueño europeo y hasta reproducir uno de los episodios más negros de la historia.

*Analista y profesor del Birkbeck College de la U. de Londres.

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