Por: Luis Carvajal Basto

¿Administran las ideologías?

El caso de Venezuela, con un gobierno que pudo acceder al poder proponiendo un programa “en beneficio del pueblo”  y se ha quedado por más de 18 años, tiempo suficiente para poner a marchar cualquier proyecto, obliga a considerar los límites de las “buenas intenciones” y las ideologías como garantía para una buena gestión de los recursos disponibles .

Las cifras son espantosas: una tasa de homicidios de 80/100.000, la más alta del mundo; una inflación sin precedentes, superior a 2.000.000%; un indicador de pobreza extrema  que se triplicó en los últimos tres años, y una diáspora, o  exilio, de 4.000.000 de ciudadanos en el mismo periodo. ¿Gobierno? Parece más anarquía o caos, consecuencia de una dictadura vergonzante.

Sabemos que una cosa es ganar elecciones y otra gobernar. En los Estados democráticos la alternancia otorga la posibilidad de remover malos gobernantes o cambiarlos por quienes proponen nuevas perspectivas. Al intentar  perpetuarse,  las dictaduras restringen esa  virtud del régimen político. Las voces de la oposición, en todas las democracias, hacen la función de alarmas. ¿Qué ocurre cuando se silencian, por el desbordamiento de algún poder? Algo como lo que ocurre en Venezuela. Su función, dentro de los regímenes democráticos, no es exclusivamente política: tiene efectos sociales y administrativos, como se ha podido observar.

Resulta difícil encontrar algún candidato o gobernante que exprese su intención de administrar en contravía del interés de los más débiles. Todos, más o menos, invocan  equidad,  justicia y  derechos. El proceso de percepción, con influencia determinante en las decisiones de los votantes, hace el resto. Estereotipos como “social”; de “izquierdas” o “derechas”, funcionan como filtro de la información que el elector recibe. Una diferencia grande, entonces, se encuentra en la capacidad de gestionar; en la experticia. Evaluar  los gobiernos por lo que, efectivamente, hacen y no por lo que ofrecen hacer. Pero esos matices valen en las democracias y no en las dictaduras.

Las ideologías explican y justifican casi todo , y ahorran el trabajo de pensar; de auto criticarse; de hacer seguimiento y control; de administrar. Eso lo hacen las ideologías del “norte” como  las del “sur” y quienes actúan en su nombre.

Cuando las ideologías “gobiernan”, sin más, se convierten en justificación y pretexto; pero la ley de gravedad, que no tiene ideología, por ejemplo, existe y condiciona el funcionamiento de seres humanos y gobiernos. Lo mismo ocurre con las matemáticas; los indicadores y  sistemas de cuentas nacionales: cuando no favorecen a los dictadores se vuelven argumentos de conspiradores. Instalados en una cúpula y armados de su “ideología” se aíslan en su jaula de cristal; no son capaces de identificar la realidad hasta que son arrollados por ella, generalmente tarde.

La lista es larguísima. Entre los más famosos, familiares y “recientes” se recuerdan Pinochet, Gadafi, Hussein, Enver  Hoxsa, Idí Amin, los Duvalier y los vigentes Kim. Entre los “más” criminales,  los fascistas  Hitler y Mussolini,  y los comunistas Stalin y Pol Pot. Todos explicaron sus crímenes amparados en una ideología con que gobernaron situándola por encima de los derechos de quienes no pensaban como ellos. Para todos, la adecuada gestión de los recursos y  el interés general, no constituía el supremo objetivo del gobierno convertido en apéndice de su propuesta ideológica, como le ocurre a Maduro.

La característica más notoria en los dictadores no es su alta o baja popularidad o aceptación: Hitler, como ejemplo,  fue muy popular en su momento. Se trata del poder omnímodo, justificado por un propósito o ideología, y la eliminación sistemática, utilizando el método que resulte necesario, de los razonamientos divergentes. Los recursos se “administran” según esos criterios.

No existen, para sus seguidores, las Ciencias y técnicas de gobierno; la razón y el conocimiento en la gestión de lo que es de todos. Es sustituida por  falsas dicotomías como buenos y malos, “leales” y traidores. Matemáticas socialistas y fascistas. Cosas de ideologías y de dictadores. Sus epígonos actúan en consecuencia.

@herejesyluis

 

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