Primer foro sobre inclusión laboral de Best Buddies Colombia

hace 39 mins
Por: Francisco Gutiérrez Sanín

¿Adónde vamos?

AUNQUE NO TENGO EL TEXTO COMpleto de los proyectos de las reformas que el hiperactivo Ministro del Interior está presentando al Congreso, lo que he leído tiene obvios elementos positivos.

La de las regalías enfatiza el ahorro y la financiación de proyectos regionales, pero también dedicará un porcentaje a ciencia y tecnología. Tengo que confesar que tampoco me alarma que, en el terreno de la justicia, ese adefesio permanente que ha sido el Consejo de la Judicatura salga del panorama, y sea reemplazado por una gerencia moderna. ¿Por qué seremos los colombianos adictos a la maldita manía de pedir a alaridos grandes cambios, pero cuando éstos se proponen, defender a capa y espada todo lo que existe, independientemente de que haya funcionado o no? Los continuos descalabros que, en uno u otro terreno, han producido diseños como el de las regalías y el del Consejo de la Judicatura se pueden documentar cuidadosamente.

A la vez, me da la impresión de que aquellos proyectos se quedan a mitad de camino. No es asunto de poca entidad, habida cuenta de que buena parte de ellos implica reformas constitucionales. Sobre todo, no ha quedado clara —al menos para mí— la idea estratégica detrás de las reformas. Se identifican unos problemas cruciales (bueno), pero la propuesta alternativa sigue siendo confusa (malo). El asunto de las regalías debería vincularse a tres grandes temas, en cualquier orden. Primero, el de la infraestructura. El país tiene un brutal rezago en este terreno, que pesa sobre su economía (pero también sobre su integración política y social). Segundo, el de la redistribución y estabilización de los derechos de propiedad en el campo (léase restitución y/o reforma agraria). Tercero, el de la formación de capital humano en las regiones mineras —este sí un objetivo regional clave, que puede alcanzarse sin seguir satisfaciendo los apetitos de las mil bocas que ya empiezan a gruñir y a gemir porque les van a quitar las teteradas de dinero que han recibido sin control y sin responsabilidad—. En el área de la justicia, es fundamental fortalecer los derechos ciudadanos (por ejemplo, la tutela), pero a la vez desactivar los choques de trenes. El espíritu no pendenciero que ha mostrado Vargas es un avance que ha calmado las aguas, pero diseños como poner a cada corte a juzgar a la otra (para reemplazar a la totalmente inoperante Comisión de Acusaciones del Congreso) son garantía de futuros rifirrafes.

El tema tierras aún no se mueve. Si están trabajando sobre él en silencio, aplaudo. Pues apenas lancen la propuesta, la ventana va a estar abierta muy poco tiempo. Como dice el notable académico canadiense Albert Berry, una cosa de estas o se hace rápido, o no se hace (espero dedicar un par de columnas a explicar por qué). Fíjense: aunque el carro no ha arrancado, ya empezamos a oír las primeras descargas de fuego amigo —fuego nutrido, entusiasta, de mortero—. Es un fenómeno que apenas comienza. Toda reforma con un mínimo de seriedad pisa callos de gente muy poderosa, y ella tiene cómoda representación, por decir lo menos, en la coalición de Gobierno.

Es alentador que temas que tienen el potencial de decidir el futuro del país por lustros estén en la agenda. Nadie puede decir que sabe cuál será el desenlace. Hay juego, pero muchos dados están cargados. Toca seguir manteniendo —parafraseo la conocida y precisa fórmula de un intelectual italiano— el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad.

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