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hace 4 horas
Por: Columnista invitado EE

Adoptar un niño

Por: Alberto López de Mesa*

-Gerardo ¿estás despierto?

-Sí, dime, te escucho.

-Hace cinco años que vivimos juntos. Pero creo que a nuestro hogar le falta alegría.

-Te he dicho que viajemos más seguido. A ambos nos hace bien salir de la ciudad.

-Me refiero a una alegría de carne y hueso. Quiero que adoptemos un niño.

-Eso es un plan muy pesado para un matrimonio como el nuestro. La congresista Vivian Morales propuso un referéndum contra eso. En los púlpitos se escuchan arengas de los que satanizan esa clase de adopciones.

-¿Y qué? toda la vida, tú y yo no hemos sido blanco de ofensas, de discriminaciones, de injurias…Y  mira aquí estamos, más sanos y prósperos que muchos de los que nos critican nuestra preferencia sexual.

-No me preocupo por ti ni por mí, sino por el niño. Imagínate lo que diría el vecindario, como lo tratarían en el colegio. Para nadie es fácil ser el hijo de un par de “maricas”.

- Con esa mentalidad tuya el mundo nos abruma. Para cambiar las cosas hay que arriesgarse. Siempre he querido tener un hijo y llamarlo como yo: Ernesto Villamil.

-Eso no es tan fácil, aquí con el ICBF la adopción para parejas homosexuales está negada. No es fácil ni siquiera en Europa. De pronto en el centro de África te vendan un niño sin tanto papeleo, pero en cualquier aduana te ven con un niño de brazos y te la montan.

- Podemos hablar directamente con una familia humilde, hacerles una oferta honesta y cuantiosa. Buscarle una madre sustituta que lo amamante hasta que se haga fuerte. Ayúdame a cumplir este anhelo.

-Entiéndeme, Ernesto. Yo sé que un niño en esta casa traería alegría, nos devolvería la creatividad que a veces se nos escapa en las rutinas de los negocios. Pero no creo que este país sea una buena oferta para el hijo de un matrimonio de homosexuales. No tenemos derecho a amargarle la vida a una criatura inocente de las adversidades sociales.

-Te aseguro, Gerardo, que todo niño criado con cariño, al que se le brinde una educación liberal y de calidad, con acceso a las mejores ofertas culturales y recreativas de la ciudad, formándolo entre tú y yo para la percepción sensible y crítica de la vida, crecerá como un ser humano integro, capaz de superar las afrentas de los estultos.

-Vale: ¡adoptemos un hijo!

*Alberto López de Mesa, arquitecto y habitante de calle

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