Por: Ernesto Yamhure

Agitando el uribismo

SUPERADO EL CAPÍTULO DE LA CONciliación del referendo (al momento de escribir esta columna, aún no se habían reunido las plenarias de Senado y Cámara para tal fin), el camino está despejado para que el pueblo pueda pronunciarse sobre la segunda reelección del Presidente de la República.

La Corte Constitucional deberá certificar que el procedimiento de aprobación de la ley en cuestión se haya cumplido con apego a las normas. Algunos dirán que el referendo está viciado gracias a las dudas que han surgido en relación con su financiación. Si llegara a comprobarse que el comité promotor excedió los límites establecidos, la responsabilidad deberá recaer sobre ellos y no sobre los más de cuatro millones de ciudadanos que con su firma acompañaron esta iniciativa.

Un referendo será aprobado cuando la mitad más uno de los votantes lo hagan de manera afirmativa, siempre y cuando haya participado la cuarta parte del censo electoral.

Se estima que hay más o menos 24 millones de colombianos habilitados para votar. El Registrador ha dicho que ese número debe ser revisado, pues no se han descargado las cédulas de algunos muertos y de miembros de la Fuerza Pública. Veo difícil que ese procedimiento se alcance a realizar antes de la convocatoria al referendo, así que la votación deberá realizarse con base en una cifra espuria.

Para que el presidente Uribe pueda aspirar en 2010 a un tercer mandato, se necesita de mínimo 3’000.001 votos favorables, partiendo de una participación de seis millones de ciudadanos.

Para lograr ese número de sufragios, será necesario trazar una estrategia efectiva que se encargue de mostrar en todos los rincones del país los resultados del Gobierno. Para el logro de ese objetivo, es importante que todos los políticos afectos al uribismo se metan de lleno a la campaña.

Igualmente, los partidos de la coalición deberán concentrar sus esfuerzos en sacar adelante esta iniciativa popular. En tanto más sólida y monolítica sea la defensa de la reelección, mejores serán los resultados electorales de las colectividades que integran la bancada gobiernista. Un partido que se diga uribista y que se muestre dubitativo frente a un tercer período, será castigado severamente por el electorado.

La oposición, ávida de poder, se atravesará recurriendo a toda suerte de artimañas. Veremos al Partido Liberal recorriendo al país de la mano del Polo Democrático, intentando convencer al pueblo de que la seguridad democrática debe ser reemplazada por intrépidos modelos que ya hemos experimentado con más desdicha que alegría.

Será una campaña difícil, en la que los miembros de la oposición se emplearán a fondo para desprestigiar al Gobierno.

Por eso, es necesario que se conforme un grupo de líderes de talante nacional cuya misión consista en estimular el espíritu uribista que a veces parece adormilado. Se trata de gentes de diferentes vertientes ideológicas, convencidas de las políticas del Presidente. Ese equipo debería estar integrado, como mínimo, por Andrés Felipe Arias —líder indiscutible del conservatismo—, Rodrigo Rivera Salazar, Juan Manuel Santos y Carlos Holmes Trujillo, quien se la jugó por el referendo de 2003, cuando aspiraba a la gobernación del Valle del Cauca.

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Primero con el Partido Conservador; luego unas charlitas discretas con los liberales y la semana pasada con los del Partido Verde Opción Centro. ¿Así de consistente es el programa ideológico de Noemí Sanín? A ese paso, la ex embajadora terminará tramitando su aspiración presidencial con el aval del Partido Comunista Colombiano.

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