¿Cómo hacer para que el mandato anticorrupción no quede en el aire?

hace 36 mins

Agite

Estamos en un mundo dinámico, que se mueve velozmente. Hemos perdido la capacidad de reflexionar. También existe lo lento. Cada cual decide que camino tomar.

El mundo de hoy va más rápido de lo que podemos pensar. Antes teníamos las cartas que tomaban unos cuantos días en llegar. Luego vino el fax, no duró mucho, unos diez años máximo. Después llegó el correo electrónico que fue desplazando las cartas y por supuesto la Internet que llegó para quedarse con nosotros por largo rato. Antes se tenían computadores sin Internet, solamente para hojas de cálculo y otras cosas, como maquinas de escribir mucho más livianas y hoy en día nos preguntamos: ¿para qué servia eso?  En la Internet de hoy las noticias no van hora por hora sino que van minuto a minuto.

La vida cambio para todos. Con los mensajes de texto, las personas esperan respuesta inmediata, en segundos; no existe tiempo para pensar, solo para responder. Esos sistemas, alejan a los que están cerca y acercan a los que están lejos.

La tecnología, que es un instrumento de cambio, se ha convertido en el rector de nuestra conducta. Es innegable que los avances tecnológicos brindan eficiencia y competitividad. Sin embargo, los avances tecnológicos se dan a una velocidad mayor a la cual la humanidad reflexiona sobre el alcance de los mismos. La velocidad a la cual crecen el conocimiento y la información es vertiginosa y mayor a la cual el ser humano esta incorporándolos dentro de su estructura de valores.

Esa velocidad de la información determina la conducta de quienes tienen poder  de decisión. Condicionados por la velocidad de los acontecimientos  quienes deciden sobre el futuro de organizaciones y países pierden libertad y perspectiva. Muchas veces reaccionan en lugar de reflexionar. La premura en la toma de decisiones llevan al corto plazo. En el sector publico, el problema se acentúa porque los incentivos políticos son de muy corto plazo.

Existe un  grupo que come lentamente y se llama Slow,  ellos van sin afán y se sientan a comer, como lo hacen los mexicanos, sin prisa. El movimiento nació en España en el año 1986 cuando lo creo Carlo Pettrini quien no quería que  Europa se volviera tan rápida  como los Estados Unidos.

En su libro “Hombre Lento”, el premio Nobel de literatura J.M. Coetzee narra la historia de un anciano ciclista que pierde la movilidad al ser atropellado. El protagonista nos deja ver una perspectiva de la vida que a veces perdemos gracias a la tecnología, gracias al “agite”. Esa perspectiva es la de alguien que realmente observa y se interesa genuinamente en los demás. El hombre lento se da el lujo de hacer lo que otros no hacen y de ver lo que otros no ven. Y sobre todo, se da el lujo de reflexionar.

Sin duda, tomaríamos mejores decisiones si no nos dejáramos atropellar por la inmediatez, que hoy es la reina. A eso nos ha llevado el mundo de hoy. No podemos dejarnos  llevar, somos nosotros quienes debemos guiar a los que vienen detrás de nosotros. ¿Amigo lector, cuando fue la última vez que usted reflexiono de verdad?

 

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