Por: Patricia Lara Salive

¡Agradézcale a la JEP, señor fiscal!

A raíz de la polémica por la decisión de la Justicia Especial para la Paz (JEP) de estudiar el caso Santrich y suspender el trámite de su extradición, liderada por el fiscal general, quien parece querer tirarse el andamiaje jurídico de la paz, cuyo principal eslabón es la JEP, se levantaron dos voces tan autorizadas como la suya, pero más comprometidas con la paz: la de José Luis Barceló, presidente de la Corte Suprema de Justicia, y la del sacerdote Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad.

En el reciente foro sobre justicia, Barceló pidió que “dejen que la JEP trabaje y genere un espacio de resultados”.

Y es que a pesar de que el fiscal le quiera quitar su competencia, el artículo 19 transitorio del Acto Legislativo número 1 del 2017 dice que “la Sección de Revisión del Tribunal para la Paz” evaluará la conducta del solicitado en extradición “para determinar la fecha precisa de su realización y decidir el procedimiento apropiado”.

Y el reglamento general de la JEP afirma: “En relación con solicitudes de extradición, la Sección de Revisión requerirá toda la información que estime necesaria a las autoridades nacionales e internacionales (…) para documentar su decisión y podrá ordenar la práctica de las pruebas (…). Una vez la Sección de Revisión evoque el conocimiento de la solicitud, el trámite de extradición se suspenderá”.

Así que tiene razón la presidenta de la JEP, Patricia Linares, cuando dice que la suspensión del trámite de extradición de Santrich “está dentro del marco normativo”.

Pero el que aterrizó el tema fue Francisco de Roux, quien dijo que Santrich estuvo dispuesto a dejarse morir y que gracias al pronunciamiento de la JEP y a la carta que él le envió, en la que le pedía que suspendiera la huelga de hambre para que no se llevara a la tumba su verdad del conflicto, detuvo el ayuno que lo tenía cerca de la muerte.

Y ésta, según De Roux y cualquiera que tenga un milímetro de sensatez, entre los cuales no parece encontrarse el fiscal, “hubiera traído consecuencias muy graves”, habría “minado la confianza que se ha logrado”, habría tenido “implicaciones a nivel internacional con los países garantes” y, “en plena época electoral, habría tensionado mucho más el ambiente”.

“Ustedes imagínense a toda esa muchachada de la exguerrilla manifestándose”, dijo De Roux.

Y usted, fiscal, imagínese el peso que habría recaído sobre su conciencia si hubiera muerto Santrich, sólo por su empeño en complacer los caprichos de la DEA, por más arbitrarios que ellos hubieran sido… Más bien, agradézcale a la JEP, fiscal.

Y a Pacho de Roux le dejo este fragmento de Los funerales de la Mamá Grande: “La estructura jurídica del país (…) no estaba preparada para acontecimientos como los que empezaban a producirse. Sabios doctores de la ley (…) ahondaron en hermenéuticas y silogismos, en busca de la fórmula que permitiera al presidente de la República asistir a los funerales (...). Hasta que alguien dotado de sentido de la realidad en aquella asamblea de jurisconsultos interrumpió el blablablá histórico para recordar que el cadáver de la Mamá Grande esperaba la decisión a 40 grados a la sombra. Nadie se inmutó frente a aquella irrupción del sentido común en la atmósfera pura de la ley escrita…”.

***

El domingo decidiremos si caemos en los extremos y agudizamos la polarización, o si nos despedimos del odio y optamos por el cambio tranquilo. Porque prefiero lo último, los invito a que votemos por Sergio Fajardo.

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa

 

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