Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Agricultura familiar: producción a riesgo

Como lo estamos viviendo, la variabilidad climática asociada al cambio climático es la mayor amenaza para la agricultura familiar campesina (AFC), que genera el 70% de los alimentos producidos en Colombia.

Hoy, el verano afecta de manera importante la producción de alimentos; sus precios subirán, pues a la sequía debemos sumar la devaluación, que encarece los alimentos importados y los insumos para los productores locales.

Natalia Gómez, en su artículo La agricultura familiar y Mercosur: Otra lección para Colombia, publicado en La Silla Vacía, contrasta el apoyo que la AFC recibe en Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile y Brasil con el abandono y la desprotección que sufre en Colombia.

En Brasil, según la autora, la AFC recibe apoyo efectivo con: a) programas que integran la AFC en cadenas de valor; b) asistencia técnica y extensión rural con provisión de insumos, equipos y tecnologías apropiadas; c) garantía de cosecha en zonas afectadas por la variabilidad climática; d) apoyo a la AFC con crédito específico a bajas tasas de interés; e) programas de adquisición de alimentos provenientes de la AFC para programas de grupos vulnerables apoyados por el Gobierno; f) sello de certificación para la AFC como apoyo al desarrollo de mercados; g) apoyo a la diversificación en la AFC con agroindustria, turismo y artesanía; h) un registro nacional de agricultores familiares que se benefician de políticas públicas diferenciadas, con acceso a la cobertura de salud y a los servicios de previsión social. En Colombia algunos de estos programas existen, pero no son efectivos ni eficientes.

Las cosas tienen que cambiar, pues, a la importancia productiva que tradicionalmente ha tenido en Colombia la AFC, hoy se suma que el acuerdo de La Habana (Gobierno-Farc) centra la reforma rural integral en el apoyo y desarrollo de la AFC, asignando tierras a pequeños productores campesinos, buscando que superen las condiciones de marginalidad y que mejoren la calidad de vida en los territorios de construcción de paz.

Con la variabilidad climática se hace necesario activar un programa serio de adaptación que haga la AFC más resiliente. Esto exige un mejor manejo y protección de los ecosistemas y sus servicios ambientales. Incluye el manejo de microcuencas con la construcción de pequeños reservorios de agua y apoyo con pago por servicios ambientales a los predios campesinos donde se adopten prácticas de conservación y sistemas productivos que protejan suelos, biodiversidad y fuentes de agua.

Si se sigue la recomendación de la Misión Rural, en Colombia se debe iniciar un programa importante de regularización y titulación de los predios rurales. Este proceso debería acompañarse de la creación de un sello para aquellos productores que, mediante un adecuado manejo de su predio, conserven la función ecológica de la propiedad, mandato constitucional que tenemos olvidado. Antes, si un propietario no tenía en actividad agropecuaria, como mínimo, las dos terceras partes de la finca, podía ser expropiado. Ahora debería ser expropiado si no recupera y conserva la función ecológica en su predio, sea pequeño, mediano o gran propietario. El cambio climático exige recuperación y conservación de servicios ecosistémicos de regulación hídrica, conservación de suelos y biodiversidad.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Pablo Ruiz Soto

Legislación ambiental, no referente ético

Ambiente medio para un clima caliente

El clima alerta a Estados Unidos

Cuencas, aguas y Plan de Desarrollo

Reformando las CAR