Por: Ignacio Zuleta

Agua

¿POR QUÉ SE NOS OLVIDA DE LO QUE estamos hechos? Somos AGUA, y sin ella no habría organismos vivos. Y a pesar de saberlo, y de repetirlo hasta que se vuelve frase de cajón, el manejo y el uso de esta fuente sagrada va desde lo irresponsable hasta lo criminal.

 

Las causas de esta distorsión en la actitud ante el AGUA son innumerables. En las urbes hemos roto el vínculo con la naturaleza y sus ciclos del AGUA, para dar por sentado que sale de los grifos. Y las cloacas, en lugar de ser una forma agradecida de devolver al ciclo lo que le robamos, son la vergüenza oculta y allí van nuestras heces, incluyendo el aceite de los carros, los condones, el papel “higiénico” y las drogas que se excretan por la orina. En los campos hemos talado los bordes de las cuencas para “abrir las fronteras” ganaderas y agrícolas, incluyendo sembrados ilegales. Los cultivos de flores agotan los acuíferos, la minería envenena los cauces, la voracidad energética del sistema consumista sedimenta las cuencas con sus hidroeléctricas y arroja al AGUA residuos radiactivos con el beneplácito de la misma ONU; el vecino de arriba se caga sin escrúpulos en el AGUA que bebe su vecino de abajo, la emisión de los gases industriales produce lluvias ácidas que corroen lo que tocan y la agroindustria satura de agrotóxicos las quebradas y ríos y lagunas o destruye los páramos con sembrados y pastos para vacas, que se han vuelto sagradas como el becerro de oro. Y lo que en un principio era un recurso renovable, una vez corrompido… se rompe el ciclo y ya comenzamos a padecer de sed, de estragos invernales, de fuentes de enfermedad que nos recuerdan fétidas lo que hemos producido. ¡Y aún nos preguntamos de dónde tanto cáncer y tanta muerte por disentería!

Los codiciosos, los dueños materiales del planeta, aprovechan como buitres la carroña. Los políticos quisieran privatizar las cuencas, las multinacionales embotellar el AGUA en plásticos eternos para venderla con ganancias descaradas, los restaurantes hacerse a unos pesos con la venta de vasos desechables y ya no ofrecen “AGUA de la llave”. Los palmicultores planean rellenar los humedales de la Orinoquia para sembrar sus monocultivos y, por ejemplo, el alcalde de San Francisco, Cundinamarca, arroja con la connivencia de la CAR los desechos al río que baja impoluto de El Tablazo. Y la guerrilla, como buenos colombianos, de nuevo abre terrenos en la selva virgen para meter las vacas de dos y cuatro patas y sembrar amapola. Todo a costa del AGUA y sin pensar en ella.

Pero ya hay una militancia responsable ocupada en cuidar los manantiales y las pequeñas cuencas, educadores que de nuevo les enseñan las olvidadas obviedades a los niños, líderes culturales como la subgerencia del Banco de la República creando proyectos hermosos y eficientes para devolverle la conciencia al pueblo, funcionarios de entidades ambientales luchando entre los intestinos de los monstruos para que el AGUA sea de nuevo la prioridad de prioridades en un país que se ufanaba de tener una riqueza hídrica enorme, de la que en realidad ya queda demasiado poco. Nos hemos demorado en tener un Ministerio del Agua con todo el presupuesto que dedicamos a la guerra.

 

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