Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Agua: el mayor costo es no tenerla

PARA TENER AGUA EN NUESTROS hogares, lugares de trabajo y empresas debe haber una tubería que la conduzca y, más importante aún, debe haber una fuente abastecedora de agua.

En Colombia nos hemos acostumbrado a pagar solo por los costos de la infraestructura requerida para abastecernos y no por el agua, ni por la conservación de las fuentes abastecedoras. En una reunión sobre pago por servicios ambientales, un político me decía: “¿Por qué pagar por el agua si cae gratis del cielo? Solo tenemos que pagar por la tubería que nos la lleva hasta la casa”. Mentira. Invertimos para conservar las fuentes de agua o las tuberías estarán vacías parte del año y la falta de abastecimiento irá aumentando. En el mundo de hoy, un límite para el crecimiento y el bienestar es la disponibilidad de agua. En Sao Pablo (Brasil), la limitada disponibilidad de agua empieza a afectar los precios de casas y apartamentos. Y en Colombia decimos que “tierra sin agua no vale”.

Recuperar, gestionar y conservar nacimientos de agua, ríos, quebradas y humedales cuesta. O invertimos para conservar los reguladores naturales del agua o la lluvia caerá y correrá torrencialmente destruyendo ciudades y cultivos. Y, pasada la lluvia, vendrán las sequías. Bosques y vegetación natural en los páramos y reservorios de agua naturales, y construidos son indispensables para conservar y regular el abastecimiento de agua.

En el marco de una política inclusiva y de distribución equitativa de costos y beneficios se debe incrementar la tarifa de uso por metro cúbico del agua para usos industriales, incluyendo minería e hidrocarburos, para usuarios comerciales e institucionales -excluyendo las instituciones de salud, educación y de interés social- y para hogares de estratos cuatro, cinco y seis en todos los acueductos.

La tasa de uso del agua que hoy pagamos es ridícula y oscila entre uno y tres pesos por metro cúbico. Si se fijara una tarifa de 30 pesos por metro cubico, los hogares de los estratos de mayores ingresos tendrían un incremento para el caso de Bogotá, entre $9.600 (estrato 4) y $12.600 (estrato 6). Manteniendo las tarifas actuales para los usos agrícola y pecuario, y para la generación eléctrica, este ajuste significaría pasar de 20 mil millones a 267 mil millones de pesos de recaudo anual. Cifra que representa alrededor de dos terceras partes del total asignado, por el presupuesto general de la Nación, al Sistema Nacional Ambiental. A esto hay que sumarle un 30% adicional si pagan la misma cifra los usuarios que extraen y usan agua sin pasar por redes de acueductos, como lo hacen algunas industrias, minería e hidrocarburos.

Si hacemos este ajuste, se podrán transferir recursos a las regiones en donde se requieren mayores inversiones para el manejo de las cuencas y para aumentar su gobernabilidad y será la fuente para el pago por servicios ambientales. Esperamos que el Plan Nacional de Desarrollo incluya el ajuste en las tasas de uso del agua como parte de la estrategia de crecimiento verde.

 

 

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