Por: Julio Carrizosa Umaña

Aguas, suelos, comida y dólares

El 63 % de la altiplanicie se perdió, ya no se podrán producir allí ni comida ni dólares, lo dice el Observatorio de la Universidad de la Sabana.

Menos del 50 % de las hectáreas restantes están subutilizadas, sus propietarios ausentes, esperando que sus predios los declaren urbanos en los próximos POT. Sin embargo, los 11 municipios de la Sabana todavía generan el 28 % del producto interno del departamento y aportan una parte importante de la leche, la papa y las verduras del país, además de la mayoría de las flores que se exportan.

Un estudio del Distrito agrega a la situación un dato interesante: de las hectáreas extraídas de la producción, alrededor de 12.000 no se han construido todavía; los inversionistas no están interesados porque ya saben que el mercado está desfalleciente, las casitas rodeadas de antejardines no se venden. La gente se ha dado cuenta de que en sus “casas de campo” ya no ven el paisaje y están condenados a viajar cuatro horas diarias en las llamadas autopistas. Muchas de las familias que emigraron a Bogotá, huyendo de la guerra, en la paz están regresando a sus regiones. Cabrían entonces las preguntas: ¿Por qué no se protegen las pocas hectáreas que quedan del mejor suelo del país? ¿Por qué no se establecen las condiciones económicas para poner todos los buenos suelos a producir comida y dólares?

Algunos de los propietarios que dejan sus predios sin producir alegan que el problema radica en la falta de agua y en la magnitud del impuesto predial; otros dicen que ningún cultivo puede ser rentable ante la magnitud del valor de la tierra. La reacción del Estado no es coherente con esas realidades, se levantó parte de la reserva forestal que protegía la cuenca alta del río Bogotá, se deja que se contaminen las aguas por residuos industriales y de agroquímicos, se propone construir ciudades modelo en las 3.500 hectáreas planas, con alta fertilidad natural, en donde llueve más, al norte de la ciudad.

Se olvida que Minsalud dice que hay déficit en la balanza, que ya Bogotá está dejando de ser el único espacio atractivo para vivir, que la inversión privada está construyendo nuevamente en las ciudades intermedias y que la altiplanicie debe volver a ser el espacio para evitar la desaparición de las especies andinas, la dispensadora de recreación a la capital, la gran productora de comida y dólares. Falta que unos y otros se pongan al día en lo que dicen los estudios recientes.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Julio Carrizosa Umaña

¿Para qué la universidad pública? I

Alternativas Reales al Glifosato

Vivir bien en la frontera