Por: Klaus Ziegler

Agujitas en la oreja

En 1955, Paul Nogier, homeópata y acupunturista francés, se dio cuenta de que la oreja tiene la misma forma de un feto humano invertido.

Sus investigaciones, y una gran dosis de imaginación, lo llevaron a conjeturar que el pabellón auricular contenía una representación en miniatura de todo el cuerpo humano, con cada uno de sus órganos, y que al estimular la zona correspondiente a cada uno de ellos se produce una señal capaz de alterar su funcionamiento, lo cual permite hacer un sencillo diagnóstico clínico, y si es del caso, curar el órgano enfermo aplicando energías apropiadas.

Ante semejante hallazgo, uno se pregunta cómo es posible que Nogier no haya recibido el Nobel de Medicina, después de revelar algo tan asombroso como la existencia de un detallado mapa anatómico encerrado en esas dos estructuras cartilaginosas. La teoría, sin embargo, adolecía de un pequeño problema, y fue que nadie pudo, ni ha podido hasta el día de hoy, demostrar la existencia de estas increíbles somatotopías en la oreja, ni de los misteriosos efluvios que viajan desde allí hasta cada órgano del cuerpo.

Algunos médicos alternativos afirman ser capaces de curar una infinidad de dolencias insertando agujas de acero en los sitios apropiados, o aplicando débiles corrientes eléctricas, o una luz láser, o acercando pequeños imanes. Este maravilloso arte que combina medicina tradicional china con toda una parafernalia de jerga seudocientífica y tecnología moderna, lo puede aprender un bachiller en unas pocas semanas, en institutos que igualmente ofrecen cursos de astrología y terapias de la reencarnación, y que venden tarjetas “radiónicas” para limpiar el aura y hacer que la suerte fluya sin impedimentos hacia sus portadores.

Dejando a un lado toda esta charlatanería, ¿existe alguna evidencia científica de que la auriculoterapia sea eficaz, al menos en la cura de algunas dolencias crónicas? En 1990, un equipo de tres epidemiólogos holandeses analizó los resultados de 51 estudios controlados y en ninguno encontró que la estimulación de las orejas con agujas o imanes fuera más eficaz que la estimulación con placebos. En Estados Unidos, el Consejo Nacional contra el Fraude Médico ha restringido la práctica de este tipo de medicinas por considerar que descansa en conceptos primitivos y acientíficos sobre la salud y la enfermedad, carentes de soporte empírico, y porque no han demostrado ser eficaces en el diagnóstico y cura de ninguna enfermedad.

La conclusión es que un masajito suave en la oreja o un susurro cariñoso al oído parecen ser tan efectivos como las dolorosas agujitas, aunque mucho más baratos y placenteros.

 

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