Por: Juan Gabriel Vásquez

Ah, eso lo explica todo

LA EXPLICACIÓN HA LLEGADO: AHOra los padres pueden dormir tranquilos.

Un equipo de investigadores del John Jay College of Criminal Justice de Nueva York llevaba cinco años, cinco, investigando las causas de la crisis de abusos sexuales en la Iglesia Católica, y ahora la explicación ha llegado. Cinco años de examinar (eso piensa uno) casos concretos, evidencias psicoanalíticas, teorías sociológicas, factores históricos. El estudio ha costado 1,8 millones de dólares, según leo en el New York Times; según leo en el New York Times, la mitad de la plata la han puesto los obispos. Ahora el estudio nos ha traído, finalmente, la respuesta. ¿Por qué tantos sacerdotes han violado a tantos niños? Respuesta: por la revolución sexual.

No quisiera simplificar ni frivolizar con un tema que no es ni frívolo ni simple, así que ahí va la explicación completa: la crisis de abusos sexuales que ha sumido a la Iglesia Católica en un desprestigio nunca visto tuvo lugar porque “sacerdotes mal preparados y mal monitoreados”, en palabras del New York Times, “aterrizaron en medio de la confusión social y sexual de los años 60 y 70”. Yo vengo oyendo esta explicación desde hace varios años: en Estados Unidos, donde todo suceso consigue un nombre mediático inmediatamente, la frase es “la culpa es de Woodstock”. Es la contracultura, estúpido. No el homosexualismo, como sostienen los sectores más conservadores de la Iglesia, ni el celibato, como sostienen los liberales. La culpa es de la sociedad, eso que está allá fuera.

El New York Times trae también otros hallazgos que ha hecho el estudio. Por ejemplo: el estudio demuestra que referirse a los abusadores como “curas pedófilos” es incorrecto, porque en menos del cinco por ciento de los casos las víctimas eran prepúberes. Aclara el New York Times, sin embargo, que la definición de “prepúber” que usa el estudio es la que engloba a los niños de hasta diez años de edad; pero otras definiciones —por ejemplo, la de un manual de la Asociación Americana de Psiquiatría— dice que son prepúberes los menores de trece años. Si el estudio hubiera usado este manual, el porcentaje de pedofilia se habría disparado hasta constituir una amplia mayoría. Pero no: el estudio no usa ese manual. Y así llegamos a dos conclusiones entre muchas: los sacerdotes involucrados en los escándalos no son pedófilos, sino meros abusadores; y tampoco es su culpa, sino de esas cosas que estaban pasando en el mundo. Por supuesto, tampoco tiene culpa ninguna la Iglesia Católica: el estudio llega a otra conclusión y es que es imposible identificar a un abusador antes de que abuse.

No sé ustedes, pero yo duermo más tranquilo. Pienso en Juan Pablo II, el hombre que se las arregló para cerrar los ojos mientras Marcial Maciel violaba a miles de niños, el hombre que ahora ha sido beatificado por la Iglesia; pienso en los miles de casos del reciente escándalo irlandés (donde no hubo revolución sexual, pero bueno, nadie es perfecto); pienso en el obispo belga Roger Vangheluwe, que, al ser denunciado por un sobrino, se defendió diciendo: “Sólo fue una pequeña relación. Yo no tenía la sensación de que mi sobrino se resistiera, más bien al contrario”. El castigo del Vaticano fue pedirle que se fuera al extranjero.

Desde entonces no se ha sabido nada más de él.

 

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