Por: Iván Mejía Álvarez

Ah malos

Otra vez lo mismo. La historia repetida año tras año cuando el torneo se aprieta y los equipos participantes en la Copa Mustang buscan sus cupos a la gran final, los jueces entran a meterle mano al tema y sus protuberantes yerros, sus inadmisibles fallos, terminan definiendo quiénes juegan y quiénes se quedan.

Los técnicos y directivos alzan sus voces de protesta, los aficionados se exasperan, pero ellos, allá dentro de la cancha, equivocándose en materia grave y dejando innumerables cuestionamientos sobre sus procedimientos.

Se quejan casi todos. Ya levantó su voz el campeón del reclamo, Eduardo Pimentel, quien dice que a su equipo le han dado pito corrido desde hace varias jornadas y las películas parecen demostrarlo. Habla duro Comesaña, quien a pesar de tener al Júnior en la parte alta, admite que cada partido es una lotería con el comportamiento de los jueces. Umaña mira para otro lado, Pinto está que explota, para no hablar de algunos equipos chicos que son tratados duro por esos señores encargados de impartir justicia, pero que desnivelan partidos bien sea por ignorancia o por maliciosos errores.

Millos y Santa Fe no están hoy por hoy fuera de los ocho por fallos arbitrales. Ellos están excluidos de la gran final por su mediocre fútbol, pero también elevan su voz de protesta por los arbitrajes, como el que hizo el antioqueño Adrián Vélez, en el último partido jugado en Bogotá. Su papel fue lamentable, patético, de una incompetencia absoluta, como para ponerle un rotundo uno en la calificación.

Vélez atropelló el reglamento en contra de los dos. Dejó de pitar dos faltas de Santa Fe que eran pena máxima, una falta contra Bedoya y una mano de Bernal. Dos claros penaltis. Después se  comió una simulación de Carmelo y el fallo fue doble: un penalti inexistente y una injusta expulsión de Julio, quien no hizo nada indebido. Y para rematar la faena, una expulsión poco clara contra Estrada.

A Vélez deben suspenderlo por incompetente, como deberían tener parados a Buitrago, Duarte, al inepto Wílmar Roldán, campeón de la mediocridad, pero con padrinos poderosos en la comisión. Y a varios más que fecha tras fecha desfalcan su profesión.

Es un tema de nunca acabar, se equivocan, a unos les dan más duro, no hay preparación y el tema rebasó totalmente a la dirigencia que sigue mirando cómo va creciendo el chichón, pero no hacen nada. Algunos directivos en plan de vitrina, como el presidente de Santa Fe, un señor Farfán, anuncia planes para arreglar el problema, pero salen con chorros de babas.

Pregunta: ¿cuántas fechas le van a aplicar a Carmelo por simulador? ¿O es que la clausulita sólo fue aplicable a El Piojo Acuña? Ojo, que la justicia sea para todos.

 

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