Por: Camilo González Posso

¿Ahora la paz con dignidad?

LA ‘OPERACIÓN JAQUE’ QUE PERMITIÓ el rescate de los rehenes en poder de las Farc ha dado pie a la reflexión sobre lo que puede significar la oferta  hecha  por el presidente Uribe de una “paz digna” y a muchas especulaciones sobre el fin del conflicto. Algunos analistas se han apresurado a decir que se entró en la fase de descomposición de la guerrilla y que la atención central hay que dirigirla al posconflicto, mientras la fuerza pública se ocupa de arrinconar a quienes se mantienen en armas.

La realidad sin embargo parece más compleja y contradictoria: las Farc están en el peor momento de su historia, políticamente aisladas y militarmente menguadas, el proyecto de lucha armada por el poder ha fracasado, amplias mayorías apoyan la mano dura; pero al mismo tiempo la violencia continúa reproduciéndose, desaparecen y aparecen grupos de narcoparas, suben y bajan parapolíticos y continúa la gran operación de lavado de activos y de negocios mafiosos a costa de los impuestos. La guerrilla en retroceso mantiene frentes en sus zonas de retaguardia y aunque con problemas de mando y de baja moral, es impensable que se someta al estilo de las Auc.

¿Qué quiere decir el Gobierno con “paz digna”?  Se han hecho anuncios de nuevas propuestas que ayudarán a aclarar la estrategia post ‘Jaque’.  Algunas de las movidas incluyen  recompensa a los que deserten con secuestrados, pago a desmovilizados a granel, más trabajo de inteligencia, concentración de fuerzas en el Secretariado de las Farc y el COCE del Eln,  fortalecimiento del plan “consolidación”, presión y más presión para ganar control territorial, etc.  ¿La “paz digna” sería la opción de última hora ante la inminencia de la derrota y una pieza de la operación “mate”?

Esa estrategia del “jaque al mate” tiene muchos bemoles y no responde a la necesidad de una estrategia de paz que permita hacer el tránsito del conflicto al posconflicto. En la nueva situación que se ha abierto cabría construir primero un pacto de paz con la sociedad y esto significa un cambio de perspectiva frente a la idea de la paz como resultado de la derrota de las Farc o de una negociación de reformas con la guerrilla. El nuevo reto es pensar la paz como construcción de democracia y de equidad social desde ahora y como vía para asfixiar y derrotar las violencias que han azotado a la población civil en el campo y la ciudad.

La reparación a las víctimas de cuatro décadas de conflicto violento es un asunto crucial para la perspectiva de paz y reconciliación y exige un esfuerzo grande a la sociedad. Los estudios han estimado que además de la reparación moral que figura como primer reclamo, la deuda con las víctimas asciende a 22.000 millones de dólares, que es más o menos el doble de lo que ha costado el Plan Colombia desde el 2001. Sólo la reparación a los desplazados de la última década necesita 6.000 millones de dólares. Un primer plan de paz positiva a 15 años se ha estimado en 50.000 millones de dólares y supone una ejecución gradual y progresiva con mecanismos transparentes.

La plena aplicación de un plan de paz que incluya componentes como los mencionados requiere ponerle punto final al enfrentamiento armado e incluir instrumentos de diálogo y negociación subordinados al “pacto de paz de la sociedad”, de modo que se pueda reorientar el gasto y la inversión pública y fortalecer la actividad productiva micro y macro. Mientras sigan primando las estrategias de guerra, la reparación y las reformas chocarán con el exceso de gasto militar que reclama 3,5% puntos del PIB. La manera de superar la paradoja es apostar a costos decrecientes en gasto militar como efecto de eficiencia  de la asfixia a la violencia con la inversión creciente en democracia, reparación y justicia social. Y por supuesto que destinar desde 1% a 5% del PIB anual al plan de paz de los próximos 15 años es viable si se entiende que además se recortarán los costos del paraestado que se apropia de regalías, presupuestos de salud, impuestos o cuotas corruptas a contratos. La “paz con dignidad” no tiene precio, pero vale.

* Presidente de Indepaz.

 

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