Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Ahora, negociación

La liberación de Ingrid Betancourt, los americanos y 11 más de los secuestrados por las Farc, es la mejor noticia que hayamos recibido en mucho tiempo. Se trata de un triunfo inobjetable del Gobierno, del presidente Uribe, de su ministro Santos, de las Fuerzas Militares, y en especial de los secuestrados y sus familias, para quienes termina la larga pesadilla a que fueron sometidos por la demencia de las Farc.

Hasta donde llegan las primeras informaciones, la operación de liberación consistió en una muy calculada labor de inteligencia, que hizo posible tenderle una celada a las Farc, justamente en el momento en el que pretendían trastear de sitio de reclusión a los secuestrados.

Que esta liberación masiva no se haya obtenido por un rescate a sangre y fuego, deja a salvo los temores de quienes desde siempre, y aun hoy, seguimos pensando en que esa opción es extremadamente peligrosa y que debe intentarse la solución negociada.

Esta vez todo salió bien para la seguridad democrática, y eso merece el apoyo solidario de los colombianos con las instituciones, pero el reto es que todos los secuestrados vuelvan pronto a sus casas, sanos y salvos. Liberados Íngrid y los tres americanos, no puede caer el manto del olvido sobre los demás plagiados o el peso azaroso de los rescates cruentos.  Ellos también son importantes y debemos demostrárselo con hechos.

Los grandes perdedores de esta jornada, otra vez las Farc. Tal parece que su tozudez no les permite advertir  que su siniestro universo se está desmoronando y que el final de su  lucha estéril está cerca. Harían bien en evaluar el demoledor golpe que han sufrido y atender las voces del Gobierno que las invitan a reincorporarse a la vida civil, para que todos vivamos en paz.

Al Gobierno felicitaciones, pero que no se embriague con el triunfo. Todavía restan muchas batallas. Que los aplausos no extravíen a los triunfadores.

Y a los secuestrados que vuelven a la vida, que la disfruten sobre todo con prudencia, lejos del ruido de las cámaras y de los micrófonos. Es su derecho.

 

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