Por: Olga Lucía Barona

Ahora sí, el carro de bomberos

Tanto sufrimiento contenido se fue para la porra: ya era hora de ponerle fin a casi 16 años cargados de desilusiones. Llegó el momento de celebrar.

Sí, llegó la hora de sacar el carro de bomberos. Que nos vaya bien o no en el Mundial, que seamos o no cabeza de grupo, son otros temas que luego analizaremos. El premio mayor, sin duda, es que ya estamos dentro de la fiesta de Brasil, a donde llegan sólo los mejores del mundo. Ahí estamos y eso no nos lo quita nadie.

Y en medio de la euforia que nos embarga, pues claro que es el instante de los agradecimientos: gracias al señor Luis Bedoya, que después de darse la pela de sacar a Hernán Darío Gómez —técnico que él mismo había nombrado— por los hechos extradeportivos que todos ya conocemos, se la jugó por el argentino José Pékerman. Y claro, su as bajo la manga le salió a pedir de boca. Cuando hubo razones para criticarlo, éstas llovieron, pero hoy hay que mandarle un fuerte abrazo.

Gracias, don José, claro, porque aunque al comienzo no lo quisimos mucho por su forma de ser tan hermética, hoy nos lleva al Mundial. Por mí que no nos hable nunca si quiere, que siga trabajando como lo hizo en este proceso, en el que sacó sin duda la mejor versión de nuestros futbolistas y, lo más importante, logró después de muchos años que el país no se polarizara alrededor de su nombre.

Y, por último, gracias al grupo de jugadores que, además de su enorme talento, demostraron cuán profesionales y maduros son. Esta nueva generación de futbolistas, la mayoría actuando en el exterior, no sólo nos brinda un futuro lleno de felicidad sino un futuro prometedor.

 

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