COVID-19: ¿Cuáles son las acciones adelantadas por el Gobierno para enfrentar la pandemia?

hace 12 horas
Por: Alvaro Forero Tascón

Aida, el mito

Algunos piensan que el episodio de Aida Merlano es pasajero, pero se trata de una narrativa poderosa que va camino de convertirse en mito popular.

Encaja perfectamente con una cultura de la víctima muy arraigada. La narrativa de la niña pobre y bonita que es usada por hombres despiadados de un establecimiento corrupto para mantener el poder político y económico, y que, cuando asciende “demasiado”, se vuelve incómoda y es desechada sin compasión, adjudicándole delitos de los que solo es actor material, no solo es creíble en una sociedad que piensa lo que piensa sobre la clase política, sino que, como las telenovelas efectistas, tiene un componente emocional que genera solidaridad e identidad popular. El escándalo sucede, además, en momentos en que la principal tendencia política en el país y en buena parte del mundo es el rechazo al establecimiento por acusaciones de corrupción.

El relato de Aída Merlano tiene la esencia de las narrativas populistas: divide a la sociedad entre pueblo puro y élites corruptas, proclamándose parte de ese pueblo víctima. El último capítulo, el venezolano, contiene un nuevo elemento que hace la transición del drama humano al político: la pasa de víctima a valiente luchadora contra la corrupción. El hecho de que lo haga protegida por Nicolás Maduro, antes que desacreditarla, la potencia. Puede alegar que siempre fue instrumento de sistemas políticos corruptos, solo que ahora cambió de bando para salvarse de una persecución, lo que le da justificación moral.

El populista siempre actúa por razones egoístas, pero se presenta como redentor o vengador del hombre común. Generalmente proviene de las entrañas de los sistemas corruptos que dice atacar, y generalmente actúa en beneficio de otros sistemas corruptos que lo sostienen. Pero la lógica populista, basada en el rechazo de las “élites corruptas” y alimentado con la exacerbación de las pasiones, que es el arma del populista, crea un mundo narrativo propio que lo inmuniza. Nadie lo describió mejor que Donald Trump: “puedo pararme en la quinta avenida y dispararle a alguien, y no perdería ningún votante”.

Millones de colombianos creyeron todo lo que dijo Aída Merlano el 6 de febrero desde Caracas, y los millones que no creyeron todo, creyeron buena parte de sus acusaciones. El populista no necesita que le crean, ni siquiera que piensen que no miente —todo el mundo sabe en el fondo que es un embustero—, necesita que su argumento central, su caricatura narrativa, resuene en los prejuicios, temores y rabia de sus seguidores, porque eso logra algo prodigioso: que la gente lo internalice y se apropie de la caricatura. Mientras el argumento mueva fibras, no importa que no coincida con la razón, porque la mente busca atajos y justificaciones para validarlo. Aída Merlano solo puso hechos dramáticos en una narrativa que otros populistas colombianos vienen construyendo desde hace tiempo. El de derecha señalando a las élites políticas, y el de izquierda a las económicas. Es de populistas victimizarse. Trump dice que es víctima de los demócratas y de una congresista que pinta como “bruja mala”. Álvaro Uribe se presenta como víctima de la persecución de una “justicia corrupta” que lo persigue por combatir el castrochavismo.

903747

2020-02-09T09:51:37-05:00

column

2020-02-09T13:10:09-05:00

[email protected]

none

Aida, el mito

13

3382

3395

1

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Alvaro Forero Tascón

¿Coronará el autoritarismo?

Populismo colombiano en transición

¿Se está reconfigurando el centro político?

¿Fin del arma secreta de la “mermelada”?